viernes, 28 de julio de 2017

El Cantar de Dragomiro



Cuentan las viejas del lugar,
una historia de idiotez sin par:
Dragomiro el Potente se hacía llamar
pero en la Historia fue a quedar

Como Dragomiro el Lujurioso,
el Bobo, el Loco, el Apestoso,

El Pazguato, el más inútil voivoda
que dejó en plena bancarrota
a toda su familia, el muy idiota
y todo por querer ir a la moda.

Un castillo quería Dragomiro,
De Buda-Pest a no muchas millas,
para poder llevar a sus guarrillas
y con ellas gozar de un buen retiro.

Mas en ese siglo de especulación
inmobiliaria, de pelotazo galopante
la tierra costaba más que el diamante
¡Por no hablar del precio de la construcción!

Sentóse Dragomiro bajo un abeto
arevisar las mejores ofertas,
estudiar escrituras y hacer cuentas,
cosa harto difícil, siendo analfabeto.

Tomó Dragomiro una decisión
pésima, como le solía pasar
pues el castillo fue a colocar
¡en la peor imaginable ubicación!

Para pagarlo hubo de cometer desfalco,
dejar la alcancía familiar bien seca,
al banco pedir escandalosa hipoteca
y aun con esas, solo dióle para un mal barranco.

Mas Dragomiro no cejaba en su empeño
y tras obra y descalabro interminable
alzó castillo de horterez incalculable
en mitad de ese tan lamentable terreño

Y finalmente, tras mucho trajín y trabajo
tuvo su castillo terminado
y gracias a IKEA amueblado,
como había soñado, allí en lo bajo.

Orgulloso castillo cuya más alta torre
no se alzaba un palmo sobre la meseta,
y no mucho más grande que que una vulgar caseta:
¡causaba en todos gran despiporre!

Chamizo lleno de moho y humedades
inundábase cada vez que caían cuatro gotas
allí siempre hacía un frío de pelotas,
¡Estaba rematado en las peores calidades!

Dragomiro disfrutó poco de su castillo
pues sus enemigos lo tomaron por asalto
fácilmente, tirando flechas desde lo alto,
y le dieron pronta muerte, por pardillo.

Quedó el castillo abandonado
y desde entonces nadie allí se ha instalado,
no se refugia en él ni siquiera el ganado.
¡Lógico, porque yo no lo querría ni regalado!


1 comentario:

  1. Con el permiso del juglar del primer poema, un segundo halló un apócrifo que continúa la historia arriba esbozada:

    Y cuentan las mismas viejas a la par
    que una tropa de valientes quiso allí llegar:
    hombres y mujeres, todos por igual,
    el camino del castillo no supieron hollar.

    Borrachos y tullidos eran su guardia,
    cuidar debían de su diurno reposo.
    Con un sable bastante roñoso,
    casi desbaratan la gloriosa hazaña.

    Ganada esta primera batalla
    una nueva les hizo frente,
    pues sin cabeza ni miente
    marcharon sin vituallas.

    Raudos a casa ellos fueron,
    ya no querían más reyertas
    pues un cosa era muy cierta:
    los estómagos estaban huecos.

    Listos y sagaces decidieron provocar
    una turba en su casa, ¡toma discreción!
    Uno de ellos la lección bien aprendió,
    del suelo sus huesos ya no pudo levantar.

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