domingo, 27 de agosto de 2017

La canción de Hielo y Más Hielo


Había que tener cuidado al caminar sobre la superficie congelada del río. El hielo era sumamente peligroso, lleno de fracturas, hendiduras y zonas frágiles en las que el peso de un cuerpo podía romper la placa de hielo sin previo aviso. Bianka avanzaba con sumo cuidado. Había oído historias, en su tierra natal de Letea, sobre Tzimisce incautos que habían caído así en el río y quedado atrapados bajo las aguas heladas del Danubio, cayendo en Sopor hasta que el deshielo de primavera les sacaba a la luz del Sol y a la Muerte Definitiva. La noche estaba en calma, salvo por el aullido lejano del lobo y los sonidos lejanos de Buda y de Pest, emponzoñando el aire con sus chimeneas unas pocas millas río abajo. 

A la pálida luz de una Luna velada por la bruma, Bianka continuaba adentrándose en el río.


Pasado un buen rato de laborioso avance, la joven koldun se detuvo. Había encontrado una zona adecuada del río. Frente a ella la capa de hielo tenía apenas un dedo de espesor. Si hubiera caminado sobre ella, se habría precipitado al fondo gélido del río sin lugar a dudas. En lugar de eso, se arrodilló con sumo cuidado y procedió a romper un trozo de hielo con un pequeño martillo que había llevado con ese propósito. Despejó un área del tamaño de un escudo grande, hasta dejar al descubierto el agua negra, lóbrega del poderoso Danubio. Bianka dejó que su vista se desenfocara y se perdiera en las profundidades insondables de las aguas, hasta entrar en el estado de trance superficial necesario para contactar con los espíritus del río según las enseñanzas del koldunismo.

El siguiente paso era doloroso. Sacando un cuchillo de su cintura, Bianka se contó las venas del brazo izquierdo e hizo una ofrenda de Vitae al río. En realidad, esto no era estrictamente necesario, tratándose del poderoso Padre Danubio, pero Bianka quería asegurarse la benevolencia de las aguas. La Sangre se mezcló rápidamente con el agua: el Río había aceptado la ofrenda. En la Lengua Antigua, Bianka entonó

Sangre en el agua, sangre que fluye, 
deja fluir mi conocimiento, tráeme veloz
de mi maestro el koldun Tévas su voz,
que el propio Danubio me la murmulle.

Al punto, un remolino se formó en las aguas, justo en el centro del hueco abierto por Bianka. A su alrededor, el hielo comenzó a crujir como si fuera a desencajarse del resto de la placa que cubría el río; de las aguas surgió, invisible para todos salvo quienes tuvieran la Visión, uno de los muchos espíritus de las aguas.

Saludos, mi señora –dijo el espíritu–. Soy Fiul, hijo de Danubio, ¿qué deseas saber?
Resultaba difícil saber si éste era el espíritu con el que había hablado hacía dos noches: todos eran prácticamente iguales entre sí y todos se hacían llamar Fiul ("hijo"), así que bien pudiera ser que su interlocutor de esta noche fuera otro totalmente desconocido. Daba igual: los "hijos" del Danubio parecían intercambiarse entre sí toda la información de forma libre, motivo por el cual resultaban tan útiles y tan molestos a la vez. Si le dejaba hablar, Bianka estaba segura de que le aguardaban un par de horas (como mínimo) de escuchar datos "apasionantes" acerca de como las larvas de libélula acuática hibernan para aguantar el invierno, o sobre la apasionte (por pobre) vida sexual del siluro más viejo del río, o cualquier idiotez por el estilo.

Por el poder del Danubio, que te ata
Te ordeno que hables solo cuando te dé permiso
y respondiendo a mis preguntas seas conciso.
¡Así lo exige mi ofrenda de sangre escarlata!

La mirada de decepción del espíritu fue casi palpable. Encogiéndose de carámbanos, se calló y esperó a que llegaran las preguntas. Mas como estas no llegaban, se produjo un buen rato de tenso silencio. Bianka miraba al espíritu con sus intensos ojos castaño-azulados, mientras que el espíritu miraba a Bianka con una gotilla de ectoplasma congelándosele desde la nariz. Finalmente el ser de las aguas abrió la boca, metafóricamente hablando
– Caramba qué frío ha venido este invierno, ¿eh? Aunque ya no caen heladas como las de antes. Recuerdo que...
¡Silencio! ¡Responde a mi pregunta sin gastar más saliva
aunque solo sea por el bien de la fluidez de la narrativa!
– Está bien accedió a regañadientes el geniecillo local–. Sí, he hablado con el poderoso Tévas. Esto es lo que me ha dicho para ti:

"Bianka, Chiquilla, te han tomado el pelo de una forma indigna para una koldun de tu Clan. Pero esto no quedará así: los culpables acabarán sintiendo el peso del castigo de los Tzmisce, y lo harán por tu mano. Pero aun no estás preparada para eso. Por ahora, tu inexperiencia en las lides de los poderosos me preocupa. Eres demasiado inocente. Tu comando de la Sangre y el koldunismo progresan adecuadamente, pero tu falta de hablidad política puede significar tu destrucción. Mi consejo es el siguiente: pospón  tus planes de viajar hasta las Fuentes del Danubio y quédate junto a esa Cuadrilla de la que me has hablado. Son casi tan ineptos como tú y mucho no aprenderás de ellos, pero cuando se es débil conviene rodearse de aliados. En ocasiones, y contrariamente a la filosofía de nuestro Clan, la unión hace la fuerza. Presiento que si continúas con ellos, les prestas tu apoyo y a su vez recibes el de ellos, tal vez os esperen grandes cosas... si lográis sobrevivir a las largas noches Transilvanas. Liga tu destino al suyo, al menos hasta que tengas el poder para que todos te teman por ti sola. Corto y cambio, Tévas"

Dicho lo cual, Fiul se lanzó a una descripción detallada de qué en estado de congelamiento se encontraban los ranúnculos a las orillas del Río. Pero Bianka, displicentemente, le devolvió a las aguas con un gesto. Tenía muchas cosas en las que pensar.






No hay comentarios:

Publicar un comentario