sábado, 13 de enero de 2018

Bistritz

La pequeña aldea-ciudad de Bistritz (Bistrița en lengua rumana, Nösen para los sajones, Beszterce en húngaro) se alza en torno al río del mismo nombre, en el corazón de Transilvania. El nombre del río proviene de la antigua palabra eslávica bystrica, que significa aproximadamente "aguas rápidas". La región se pobló a lo largo del siglo XII por miembros de la tribu túrquica de los pechenegos, un pueblo seminómada con una larga historia de acuerdos y desacuerdos con sus vecinos más poderosos, el imperio bizantino y con el Rus de Kiev. En el momento de desarrollarse esta historia, los pechenegos están en franco declive y la región está muy despoblada. La corona Húngara, en un intento de asegurar su dominio sobre estas tierras, está promoviendo la colonización por parte de sajones del norte, aliados del rey que habita en Esztergom.

En 1193, Bistritz apenas sobrepasa el millar de habitantes, lo cual es un tamaño considerable para la región y la época. Es casi el doble de grande que la vecina ciudad de Klausenburg y está bastante mejor organizada (la calle principal está incluso empedrada), aunque no consigue sacudirse el ambiente rural, pobre y fronterizo de las ciudades transilvanas. Está rodeada por una sólida muralla y su principal edificación es el recio castillo del conde Radu, que domina la ciudad desde la colina. Es una fabulosa mansión, tan bella (según los estándares del siglo XII: olvidaos de gráciles torretas puntiagudas de cuentos de hadas; este es un edificio sólido, bajo, de ventanas pequeñas y estrechas, tejados empinados para hacer frente a las fuertes nevadas y sin ningún tipo de florituras arquitectónicas) como fuerte. Se nota que el arquitecto que lo edificó era un maestro en su oficio y que sentía pasión por las formas geométricas. Aparte del castillo, Bistritz cuenta con un par de mercados, varias iglesias, un extenso cementerio y varias tabernas y burdeles.



No hay comentarios:

Publicar un comentario