domingo, 2 de septiembre de 2018

Reencuentro


– Siéntate, querida. Ponte cómoda. Esta es tu casa. Relájate un poco y ordena tus pensamientos mientras preparo el té.
Zoltána se sentó en una silla, aguardando pacientemente.  Estaba acostumbrada a este pequeño ritual absurdo al que siempre le sometía Erzsébet al inicio de una de sus visitas. Zoltána toleraba esta pequeña excentricidad de la sabia, a pesar de que seguía sin saber qué era ese misterioso "té" que nunca llegaba. Como tantas veces en el pasado, mientras escuchaba a Erzsébet cacharrear en la habitación de al lado a Zoltána se le pasaron por la mente aquellos rumores que decían que la Sangre de su extraña mentora estaba tocada por la de los lunáticos Malkavian. Zoltána prefería no dar crédito a esas habladurías y pensar en su lugar que a la estudiosa le gustaba dejar tiempo a sus invitados para reflexionar antes de iniciar una conversación.

La mirada de Zoltána recorrió las paredes de la pequeña estancia. Aquel no era el desordenado Refugio en el que Erzsébet solía recibirla años atrás, pero la atmósfera era la misma: viejos libros polvorientos llenando las estanterías, rollos de pergamino en los anaqueles, algunos mapas roídos por el tiempo en los escasos trozos de pared no cubierta por la biblioteca, y un sinfín de artilugios de las más diversas procedencias. La nueva casa de Erzsébet no era más grande ni más útil que la anterior. Esa fue su primera pregunta cuando Erzsébet volvió a entrar en la estancia, trayendo en una bandeja un par de tazas, un azucarero y una jarrita para la leche totalmente vacías.
– Me ha costado trabajo encontraros. No sabía que os hubierais mudado.

– No por mi voluntad, mi niña. Tuve un pequeño encontronazo con unas santas monjitas. Mi casa ardió por los cuatro costados, y apenas pude salvar lo que ves aquí. Ten cuidado si alguna vez te encuentras con las Hermanas Destruccianas, hazme caso.

Lamento oír eso. Me gustaba vuestra antigua casa. 

– Ésta está más cerca del Danubio. Más humedad, lo cual es malo para mis pergaminos, pero en estos tiempos de fanatismo religioso encuentro reconfortante estar cerca de una fuente de agua corriente La altísima mujer rió quedamente y, cambiando de postura, se llevó a los labios una de las tazas vacías–. Pero dejemos de hablar de interiorismo. ¿Cuántos años hacía que no nos veíamos? Quince, tal vez veinte. Te he echado de menos, mi niña. Tendrás muchas cosas de que hablarme. Las cartas están bien, pero hay tantas cosas que no podemos confiar a manos de un mensajero, y menos en esta tierra sin civilizar... Tenemos toda la noche. Cuéntame, Zoltána, cuéntamelo todo.
Y Zoltána le contó todo... lo que le pareció oportuno. El relato, interrumpido solamente por leves expresiones de sorpresa o asentimiento por parte de Erzsébet, le llevó gran parte de la noche. Al terminar la erudita, que no había parado de tomar notas, guardó silencio por un largo rato.
– No me lo has contado todo no era una pregunta, sino más bien una afirmación.

– Por supuesto que no, mi señora respondió Zoltána sin un solo titubeo. Jamás intentaba mentir a su mentora. De alguna forma sorprendente, la estudiosa siempre parecía tener un instinto infalible a la hora de detectar mentiras.
 – Así me gusta, niña dijo Erzsébet, apreciativamente–. Has crecido. Veo una joven vampiresa madurando rápidamente, y eso me complace. También me parece ver un oscuridad crecer en tu interior, pero eso no es necesariamente malo, o mejor debería decir no necesariamente inesperado, dada la naturaleza de tu Clan Erzsébet volvió a guardar silencio durante un tiempo prolongado–. En fin, me has dado demasiadas cosas para digerir de una sola vez. Necesito reflexionar. Vuelve mañana pasada la medianoche, querida, y hablamos.


***

A la noche siguiente Zoltána volvía a estar de frente a su antigua maestra, con una taza vacía en la mano y removiendo el aire de su interior con una estúpida cucharilla metálica. Erzsébet repasaba sus notas metódicamente, dejando caer sus comentarios con esa exasperante voz pausada y de maestra de escuela que Zoltána había llegado a amar y odiar al mismo tiempo. 

–  Creo que habéis cometido un error dándole aquellas tablillas al Conde Radu. Es verdad que Radu y yo formamos parte de una misma alianza con algunos intereses comunes, pero por otra parte tengo trato frecuente con Lucita de Aragón y me inclino a respetar su opinión en este y en otros muchos casos. En cuanto al pobre y perturbado Anatole, también creo que está efectivamente tocado de alguna manera por algo superior a nosotros; sea un poder divino o uno infernal, es algo que no sé. Conocí en persona a su Sire, Pierre l'Imbècile, y puedo asegurarte que de semejante piltrafa de no ha podido derivar un Cainita tan notable a no ser que el Destino haya intervenido de alguna manera. ¿Crees que sería posible recuperar esas tablillas de manos del Conde Radu? ¡Cuánto lamento no haberte hecho caso y no haber acudido a Alba Iulia a examinarlas por mí misma! No debí dejar que la dureza del camino me echara para atrás. Pero lo hecho, hecho está, y no sirve seguir dándole vueltas a lo que no podemos cambiar. 

– Me interesan mucho estas historias que me has contado acerca de esos Danislavs del Conde Florescu. Por los rasgos que me comentas que tienen, yo diría que descienden de alguna forma de la Tribu garou de los Señores de las Sombras, que habita en los Cárpatos. "Garou" es como se llaman a sí mismos los Lupinos, esos cambiaformas con los que me cuentas que también os habéis topado. Me parece asombroso que hayáis llegado a cualquier tipo de tregua con los Señores de las Sombras. ¡No sabéis la suerte que habéis tenido! Pero temo que os hayáis puesto en una situación imposible de mantener a largo plazo. Si los Aparecidos Danislav del Conde Florescu han salido de la Tribu de los Señores de la Sombra, entonces es imposible que éstos y el Conde no sean enemigos jurados. Y si entre ellos hay guerra (y ten en cuenta que jamás se ha conocido de una paz entre Lupinos y Tzimisce), entonces es imposible que podáis seguir mucho tiempo en paz con ambos bandos a la vez. Por desgracia, en este mundo la neutralidad se acaba siempre interpretando como una forma de traición. ¿Con quién os interesa más llevaros bien?

– ¿Y dices que el trono de Alba Iulia ha ido a caer en manos de una retrasada mental, pese a vuestros esfuerzos y pese a la oposición inicial del Concilio de las Cenizas? Improbable. Parece la clásica maniobra de pinza, directamente sacada de un manual: enfrentar a un grupo de advenedizos contra el príncipe de la ciudad, conseguir echar a este último de su trono y en el último momento arrebatarles a los recién llegados su trofeo. Pregúntate siempre esto, mi niña: ¿quién sale ganando de esta situación? A veces es más fácil responder a la pregunta contraria: ¿quiénes pierden? Evidentemente, los Tzimisce tradicionalistas, personados en Dragomir Basarab, que se han quedado sin una de las ciudades más ricas de la zona. ¿Quién más sale perdiendo? Vosotros, naturalmente, quienes si bien no habéis perdido nada que fuera vuestro, habéis salido perjudicados en vuestra reputación.  Al final os quedáis con unos Dominios que se reducen a un castillo apenas digno de tal nombre, pobre y fronterizo, una ciudad diminuta que está de facto en manos de los Caballeros Teutónicos y otra ciudad irrelevante tras haber arrasada por un incendio. ¿Y quién sale ganando, entonces? A primera vista, los Ventrue sajones, que han ganado una rica ciudad y un asiento en el Concilio de las Cenizas. Por cierto, ¿qué tal le va a vuestro amigo el Ventrue sajón? En un aparte, te contaré un pequeño cotilleo: él nunca ha estado exiliado de Buda-Pest, como el resto de vosotros. He podido saber gracias a mis contactos que él fue el único de toda vuestra comitiva que se fue hacia el Paso de Tihuta por voluntad propia. Qué coincidencia, ¿verdad? Sí, aparentemente los vencedores de esta jugada han sido los sajones de Hardestadt el Joven y su hombre de confianza, Jürgen von Verden, ¿no? Pues no corras tan deprisa: en asuntos de la Estirpe, siempre debes desconfiar de las primeras apariencias.

–  Es curioso que me hables de un falso Copón de San Juan Bautista. Me consta que hay mucha gente buscando el verdadero, pues es sabido que formaba parte del Tesoro Sagrado del difunto Patriarca Mikhail de Constantinopla. Se dicen muchas cosas de este Copón Bendito, de las cuales la mayoría son probablemente falsas, pero es cierto que muchos místicos de tu Clan han deseado la copa del Bautista desde hace siglos, ya que se trata de un objeto de incalculable poder, sólo superado en la Cristiandad por el Santo Grial. Yo misma daría lo que fuera por tener acceso a tal joya, para examinarla, sí, pero también para ponerla a buen recaudo y lejos de las manos equivocadas. Porque no solamente los Místicos del Abismo del clan Lasombra buscan el poder del Copón, sino que me consta que también varios destacados Infernalistas quieren poner sus zarpas sobre él, para rendírselo a sus amos demoníacos. Hay que evitar tal cosa a toda costa.

– ¿Me preguntas quiénes son estos Infernalistas? Ruega a tu dios o dioses para que nunca te encuentres con uno de ellos. Lo que te voy a contar ahora no es exactamente un secreto, pero sí algo de lo que nunca se habla abiertamente. Nosotros,  los que nos llamamos a nostros mismos los Vástagos de Caín, somos criaturas de la noche, malditas por Dios para no poder ver nunca más la luz del Sol y obligados a robar vidas para alimentar nuestra existencia. En muchos aspectos, podría decirse que somos la encarnación del Mal en este mundo. Pero no es así. Es cierto que la Bestia nos lleva a hacer cosas horribles, y que muchos de nosotros acaban cayendo en una espiral de degeneración que nos convierte en auténticos monstruos, pero no dejamos de asemejarnos a algo natural, en el sentido de que cazamos nuestras presas y nos alimentamos como si fuéramos un depredador más. No... el Mal verdadero, con mayúsculas, existe más allá y de forma independiente a los Cainitas. Llámalo Satán, Belcebú o Lucifer, piensa en las huestes de demonios del infierno Cristiano o en los ejércitos del Hades griego, en los engendros de fuego del Muspelheim nórdico, los rakashas del lejano Oriente o como quieras entenderlo, pero sabemos que existen grandes poderes al borde de este mundo y cuyo único objetivo es traer la ruina eterna a todo lo que conocemos. Estos Señores de la oscuridad, llamémoslos demonios, son a veces adorados por los más corruptos, pues es sabido que en ocasiones los demonios otorgan a sus seguidores grandes y terroríficos poderes. No confundas este tipo de poder oscuro con los dones de nuestras Disciplinas, los conjuros de los brujos o las habilidades sobrenaturales de hadas y Cambiaformas. A diferencia de los de éstos, el poder de un infernalista proviene de fuera de este mundo y siempe deja en él una marca imborrable de profanación.

Sólo los más necios o los más malvados se entregan a este tipo de adoraciones y  pactos con los poderes infernales, porque si hay algo claro en este mundo es que los demonios nunca entregan más de lo que luego roban, y que todo pacto con diablos acaba en ruina para quien firma el pacto y todos los que le rodean, y que con cada pacto infernal se aproxima más la fecha del Fin del Mundo. Los infernalistas se entregan libremente a los actos más espantosos y horrendos, extienden la pestilencia y el hambre por el mundo, marchitan y envenenan todo lo que crece y acaban con toda esperanza allá donde pasan.

En algo coinciden las autoridades mortales y las de los Cainitas: el que se entrega a demonios está perdido irremisiblemente y debe ser destruido. Muchos lo han olvidado, pero una de las funciones principales de los Príncipes de nuestras ciudades es convocar y dirigir la Caza de Sangre contra infernalistas y adoradores de demonios.

Quedan pocos Infernalistas, pero de los que sobreviven alguno de los más peligrosos me avergüenza decir que pertenecen a nuestra Estirpe. Nos gusta creernos superiores al Ganado del que nos alimentamos, pero bien sabes que en realidad somos tan débiles como cualquier otro. Hace ya muchos siglos que surgió de entre nosotros, nadie sabe muy bien cómo, un decimocuarto Clan del que hoy en día nadie habla: los Baali, es decir, los seguidores del demonio en tiempos de Babilonia. Hay quien dicen que fueron los Baali los culpables de la caída de Enoch, la destrucción de la Segunda Generación y el exilio de nuestro Padre Caín, pero todas estas historias se pierden en la bruma de los tiempos y nada se puede tener por seguro. Sí que sabemos que hubo dos grandes Guerras contra los Baali, y que tal es el poder y la malignidad de los demonios a quienes los Baali hacían sus sacrificios que en ambas guerras un único y pequeño Clan pudo hacer frente al poderío combinado de los otros Trece. Fueron guerras largas y duras, en las que destacaron por encima de todos los demás el fervor purificador de los guerreros Salubri y la maestría en las armas de los jueces Assamitas. Finalmente, y tras pagar un tremendo precio, la última Guerra Baali acabó poco antes de la fundación del Imperio Romano con la destrucción de la principal ciudad Baali, cuyo nombre no se recuerda por el decreto que Samiel hijo de Saulot, glorioso comandante de los ejércitos de la alianza de los Trece Clanes, emitió poco antes de morir frente al insondable pozo sacrificial del altar mayor de los Infernalistas. 

Mas las Guerras Baali no lograron rematar su cometido. Como siempre ocurre -y en esto veo la mano de los mismos demonios que nuestros antepasados intentaron erradicar- los Clanes nunca permanecen unidos durante mucho tiempo, y pronto las divisiones internas deshicieron la Alianza antes de poder quemar a todos los Baali. Incluso hoy en día se encuentran entre nosotros, ocultos y en secreto, algunos de aquellos Infernalistas, o sus descendientes, o los nuevos reclutas que han ido cayendo en las seducciones engañosas de los demonios. Son pocos y de cuando en cuando algún Príncipe consigue destapar a alguno de ellos en su ciudad, convoncando una inmediata Caza de Sangre, pero con los siglos han aprendido a camuflarse e infiltrarse entre los demás Clanes con gran habilidad. Hay muchos de nosotros que afirman que los Usurpadores, los brujos Tremere que con tanto celo han perseguido a los antiguamente respetados Salubri, son el propio clan Baali renacido. ¡Suena lógico! ¿Qué mayor venganza contra el Clan que asestó tantas heridas a los Infernalistas que convertirse en un clan respetado y devolver contra los antiguos privilegiados la fama de servidores de demonios? Yo, sin embargo, no lo creo: recuerda lo que siempre te he dicho acerca de las cosas que parecen evidentes a primera vista.
Y esto nos lleva de nuevo al Copón del Bautista. Verás, uno de los principios en los que se basa eso que llamamos "magia" es el de la oposición. Los cuatro elementos se equilibran unos a otros como opuestos: fuego contra agua, aire contra tierra. Luz contra oscuridad. Ying y Yang. Azar y necesidad. Lo inmutable frente al flujo del devenir. Los Infernalistas son grandes saqueadores de objetos sagrados no solamente porque les encante profanar, sino porque saben que en la oposición hay un gran poder. En manos de uno de los Príncipes del Infierno, un artefacto tan santo como es la copa que bautizó al Cristo puede tener un poder mil veces mayor al que tendría en manos de un ocultista normal. ¡Es por eso imprescindible evitar que esta reliquia caiga en malas manos!



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