sábado, 12 de enero de 2019

Dieblerie


Salve, Regina, mater misericordiae; vita dulcendo et spes nostra, salve...
Rezad, rezad, curilla. De nada os servirá. La Sombra os reclama.

Ad te clamamus, exules, filii Evae. Ad te suspiramus, gementes et flentes

No existe luz, más que como ascua transitoria que se inevitablemente se apaga.

– ... in hac lacrimarum valle.

Y cuando la luz se apaga, la oscuridad crece y se hace más densa. No hay esperanza: sólo la negrura.

Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos; Misericordes oculos ad nos converte;

Sólo la noche eterna del Abismo, y Aquellos que en él moran, nuestros Señores.

–  Et Jesum, benedictum fructum ventris tui! ¡Silencio!

De nada os servirá invocar a vuestro débil Jesucristo. ¡Yo he visto la verdad! Me he asomado a la Tiniebla, y en ella reside el verdadero poder. Arrodillaos ante él.

– ¡No! –gritó en voz alta el padre Jaroslav, resistiendo a duras penas el impulso de postrarse de hinojos –.  Nobis post hoc exsilium ostende!

Sentid la Oscuridad. Os está llamando.

Y así parecía ser, en efecto, pues Jaroslav ya no sabía por dónde andaba, hablando solo, perdido en el laberinto de las calles de una ciudad que no era la suya; a su alrededor, los pocos mortales que se cruzaban en su camino se alejaban atemorizados, percibiendo en él la locura o tal vez notando cómo las sombras del callejón parecían arremolinarse y ondular en torno a sus hábitos.





– ¡Callad, maldito! ¡Estáis muerto! ¡Yo mismo os maté! Callad, os lo ruego... O clemens, O pía, o dulcis Virgo María...

Y sin embargo la voz de Ordonio, inmisericorde, seguía sonando en sus oídos y sólo en ellos.

Abandonad a vuestros falsos dioses. Adorad sólo al Abismo y sus terrores sin forma. Sólo ellos podrán salvaros cuando se alcen mañana a devorar el mundo. ¡Alegraos, curilla! La Tiniebla Informe sólo exige un precio diminuto a cambio de su gracia: ¿qué es un alma insignificante al lado del poderío de Aquellos Que Reptan En La Oscuridad?

Ora pro nobis sancta Dei Genetrix Ut digni efficiamur promissionibus Christi!

Pues pronto el mismo Sol se extinguirá y N'Gurath'fhgan entrará en este mundo a través del Eslávico, y no habrá fuerza ni Cainita ni divina que se pueda oponer a él. Los ríos correrán rojos por la sangre derramada, y todo este mundo maldito se convertirá en ara de sacrificio a los reyes del infierno...

Jaroslav echó a correr, delirando. A su paso los mortales huían espantados, pues dos pozos de negrura borboteante ocupaban el lugar de sus ojos, y los verbos en latín que escapan de sus labios se quedaban unos instantes flotando en el aire como glifos de alquitrán. La carrera caótica del monje le condujo a orillas del Vladaya, en una parte de la ciudad en la que el cauce del río venía parcialmente regulado por sendos muros de sillería gruesa. "El agua purifica", pensó el cura, acordándose del Bautista cuya Copa le trajo a esta ciudad y recordando también el exorcismo del agua y sal:

Exorcizo te, creatura salis, per Deum vivum, per Deum verum, per Deum sanctum, per Deum, qui te per Eliseum Prophetam in aquam mitti jussit!

Dijo, arrojándose a las aguas. Mas en la noche el río parecía estar hecho de brea en vez de agua, su superficie una masa de ondas negras y viscosas que arrastraban el hedor de los desperdicios de la ciudad. Ordonio reía y Jaroslav, no sabiendo nadar, se hundía en las aguas heladas, yertas, tenebrosas del río.

Crux sacra nit mihi lux / Non draco sit mihi dux vade retro Satana...
Ah, curilla... ¿lo ves? Ya casi eres uno de nosotros. ¿Qué es lo que quieres, tener el privilegio de ser el primer alimento de N'Gurath'fhgan cuando despierte el Eslávico? ¿Vas a unirte a los afortunados que hemos preparado para ser sus primeras presas? ¿Darle fuerza para que comience a derrumbar los pilares de la Tierra?



– ...numquam suade mihi vana sunt mala quae libas / ipse venena bibas

Sí, tu Sangre será un adecuado sacrificio para el Terror de Muchas Bocas. ¡Mira a tu izquierda!

Y allí a la izquierda, medio sumergida en las aguas y oculta bajo una falsa cornisa de tal forma que fuera invisible para los transeúntes de ambas márgenes del río, Jaroslav vio una poterna guardada por un herrumbroso rastrillo. Impulsándose con la fuerza de la desesperación, llegó hasta el rastrillo y, en un alarde de potencia, arrancó el metal oxidado de su sujección a la roca. El orificio daba paso a un estrecho pasadizo parcialmente anegado por las aguas del Vladaya. Unas cuantas ratas escaparon al paso del vampiro. La oscuridad era absoluta, pero de alguna manera Jaroslav era capaz de percibir todo lo que le rodeaba. Tras cuatro o cinco metros, el pasadizo se abrió a una pequeña cámara subterránea de techos altos y mohosos.

– ¡Hostias! –blasfemó el cura.

Del techo colgaban cuatro fuertes cadenas, tres de ellas sujetando cada una de los pies, boca abajo, a tres Cainitas desnudos, inmóviles, cada uno con una estaca atravesándole el corazón y un pentáculo invertido grabado a cuchillo sobre su pecho. Uno de ellos era Borislav, el músico. En su cara paralizada se dibujaba una mueca grotesca de horror. La cuarta cadena colgaba vacía.

Ya sabes lo que hacer, curilla. Cuélgate tú solito y mañana, cuando el Sol perezca y despierte el Eslávico, tendrás el honor de ser el primer alimento de N'Gurath'fhgan...

La visión de oscuridad abandonó los ojos de Jaroslav al tiempo que la voz de Ordonio se apagaba en sus oídos. Se hizo la noche completa. Su mano izquierda reposaba sobre la cadena.


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