Sor Agnes es una de las monjas que cuidan el hospital de la fortaleza teutónica en Acre. Se encarga del turno de noche, ya que ha hecho el voto de no volver a ver la luz del Sol hasta que la cristiandad se haya impuesto definitivamente en Tierra Santa.
Se trata de una mujer menuda, ya mayor, de enormes ojos saltones y boca enorme. Tiene una merecida fama de mujer devota y excelente enfermera. Sus manos, se dicen, son capaces de hacer curaciones casi milagrosas, signo inequívoco de que Dios está con ella. Es además miembro de la Orden de la Cruz Negra, bajo las órdenes directas de la mismísima Lucretia von Hardtz, y una prominente seguidora del Camino del Cielo, en el que ha alcanzado una notable posición.

Qué pena que no esté aquí para imponernos las manos
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