Se puede descargar la versión a resolución completa de esta imagen aquí. Para destacar el casco antiguo de la ciudad, las zonas exteriores a la doble muralla aparecen como campos de cultivo, pero en realidad son una sucesión de casas bajas de adobe y ladrillo, tiendas, pequeñas granjas, tabernas y mercados colocados sin orden ni concierto.
La casa de los Esterházy, nobles húngaros con los que se aloja en secreto el rey Béla IV, está pegada a la fortaleza-hospital de los caballeros teutónicos y aparece marcada con un aspa roja sobre su tejado. El camino más corto entre la residencia de los Esterházy conlleva recorrer la calle donde están los baños, girar hacia la derecha casi a la altura del castillo del Condestable y retroceder hacia la muralla a través de un dédalo de callejuelas que finalmente conducen a un único callejón que termina en la puerta de la torre.
La casa de los Esterházy, nobles húngaros con los que se aloja en secreto el rey Béla IV, está pegada a la fortaleza-hospital de los caballeros teutónicos y aparece marcada con un aspa roja sobre su tejado. El camino más corto entre la residencia de los Esterházy conlleva recorrer la calle donde están los baños, girar hacia la derecha casi a la altura del castillo del Condestable y retroceder hacia la muralla a través de un dédalo de callejuelas que finalmente conducen a un único callejón que termina en la puerta de la torre.
Esa zona puede visualizarse de forma esquemática aquí. Se ha marcado el nombre de algunas de las edificaciones más representativas del barrio, y en algunas de ellas se han situado flechas que indican la posición de la salida del edificio. La imagen representa un cuadrado de unos 500x500 metros, aproximadamente. La línea norte-sur está en la dirección aproximada que sigue la muralla que conecta una de las paredes del Hospital teutónico con la Torre Maldita, apuntando ésta hacia el norte.
Tras la pérdida de dos caballos y un valioso carruaje en una emboscada hace varias noches, lady Kara Lupescu se ha visto obligada a realizar sus desplazamientos entre la Torre Maldita y la casa de los Esterházy en un carruaje más pequeño y menos sofisticado, tirado esta vez por dos camellas reumáticas llamadas Letizia y Leonor. A cambio, e igualmente debido a las malas experiencias pasadas, la seguridad de la comitiva se ha visto reforzada y ahora el carro nunca se desplaza sin llevar diez guardias alrededor. Cada noche el carruaje abandona puntualmente la mansión Esterházy a las nueve y media, hora en la que el Rey ya se ha retirado a sus aposentos con pijama, libro de oraciones y orinal.


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