La batalla de Jennífero
Afortunado, le dicen. "El Potras", le llaman. ¡Si le vieran ahora! Desorientado, aterrado, prácticamente ciego, con una flecha atravesándole la cuenca ocular izquierda, el casco reventado y jirones de pelo ensangrentado cayéndole sobre la cara, Jennifero aún sujeta su espada, sin saber bien dónde está ni por qué combate. ¡Malditos mongoles! En su cabeza se entremezclan el dolor de la flecha alojada es sus sesos y los gritos presentes y pasados de ésta y aquella batalla, las de Kronstadt y Tihuta, separadas casi cuartenta años entre sí y al mismo tiempo una misma pesadilla de la que Jennífero nunca ha acabado de despertar. Los demonios mongoles cabalgan a su alrededor, con sus gritos ululantes, sus antorchas de fuego, szlachtas de ojos rasgados y húngaros de carne y hierro entremezclados. Y caballos. ¡Los caballos! Caballos por todas partes, bestias desbocadas de ojos rojos, pezuñas asesinas y quijadas como guadañas. Jennífero se echa al suelo, suplicando. Grave error. Un cuerpo en el suelo pide a gritos ser pisoteado por esas pezuñas mongolas, centauros del demonio, Tzimisces de múltiples patas. Jennífero ya no piensa, no razona, todo él le pide huir de esos caballos, mongoles, szlachtas, tzimisces, húngaros, valacos, caballos, caballos... ¡caballos!, y hundirse en la tierra y escapar al silencio de los estratos, y el pánico... Y entonces Lord Jürgen llama a sus hombres con una voz que parece un trueno y Jennífero, con un supremo esfuerzo de voluntad, recupera su espada, se incorpora, se tambalea, y sin saber dónde están sur o norte descarga su acero sobre alguien. Espera que sea algún mongol, o algo. No se ve nada.
La batalla de Drazhan
CAMPO DE BATALLA – GUERRA INACABADA
(romance)
Bravos guerreros de Jürgen
Luchando con gran tesón
A los rivales matando
Sin caer por miedo o dolor.
Se oían las espadas,
Se oían las espadas,
Gritos, lamentos y flechas
Vísceras y sangre olían
Caían sobre las testas
Tzimices y sus soldados
Tzimices y sus soldados
Monstruosos seres esclavos
Lucharon con gran bravura
Contra los nuestros hermanos.
Campo de batalla aciago
Campo de batalla aciago
Cientos o miles de cuerpos
Destrozados a pedazos
La mayoría bien muertos.
Un resultado no justo
Un resultado no justo
Para los nuestros paisanos
Konstradt nos fue arrebatada
Por los tzimices tiranos.
En la primera batalla
En la primera batalla
A Lord Jürgen han derrotado
Los cerdos tzimice sus
intenciones ocultado.
La guerra no se ha acabado
La guerra no se ha acabado
Los héroes vencerán
Lord Jürgen y sus aliados
Represalias tomarán
Y con honor y liderazgo
Y con honor y liderazgo
Transilvania tomarán
De los voivodas malvados
Por toda la eternidad.
Bonus Track:
Mi muy estimada Alexia:Esta carta jamás llegará a vos por dos razones: por no poder asegurar su destino y por miedo a que sea interceptada (¡no se respeta la comunicación privada entre dos seres!). En realidad son tres razones: la destruiré en cuanto la termine de escribir. Además, estoy escribiendo en mi imaginación, mientras intento que mi mente se relaje para pasar el día… (ya van cuatro razones)Hemos librado una dura batalla (en el sentido literal) y no hemos vencido. No ha sido mi primera batalla y no será la última, pero nunca me había enfrentado ni matado a tantos soldados. El olor a sangre, vísceras, resto de antorchas y pólvora era nauseabundo. El ruido, los gritos, casi insoportables. El enemigo poderoso: ya sabes lo fuertes que pueden ser los tzismice y los seres monstruosos que crean. ¡Estaban por cientos! No vencimos. Todo lo contrario: Lord Jürgen ha sido vilmente engañado y nos hemos tenido que refugiar en un pobladucho infecto. Sí, estoy con Lord Jürgen y con los que fueron los últimos compañeros de mi padre. Entre ellos, aunque no esté aquí, está Lord Aldrich, quien también conoció a mi madre. No estoy seguro de estar en la mejor compañía, pero me siento menos manipulado con ellos que con los de mi clan. Y no odiado, aunque no goce de su confianza ni lealtad. Yo tampoco cuento con la suya. Al menos no de momento.Pero no es de esto de lo que te quiero hablar. Desde que nací nunca he tenido una familia normal y, en la no-vida tampoco. Mi madre sé que me quería, pero me trataba como a un tonto. Mi padre creo que también me quería y creo que también quería y odiaba a partes iguales a mi madre. Yo estaba en medio, pero siempre solo. Malgorzata, mi mentora, me ha ayudado y enseñado, pero también me quiere utilizar, no sé muy bien para qué. Todos me quieren utilizar. Todos mienten y se mienten unos a otros. Y, ahora mismo, todo es muerte, caos y destrucción. Yo no quería pelear. No me gustan las guerras. Tampoco las intrigas. Pero este es nuestro mundo… si se le puede llamar así.En fin, tampoco es esto lo que quería contaros. La cabeza se me va… Me duele un poco el cuerpo, por suerte solo estoy un poco magullado. Lo que quería deciros es que sois la única persona que me ha tratado casi como a un igual. No me he sentido nunca utilizado, me habéis escuchado, me habéis dado sabio consejo, nunca me habéis obligado a nada, me habéis dejado hacer mi voluntad, me habéis recibido en vuestra casa haciéndome sentir siempre bienvenido… ¡Sois mi única amiga! Espero que a vuesa merded le parezca bien que se lo diga. Vos seréis siempre bien recibida por mi parte, salvo que todo a nuestro alrededor se vuelva aún más oscuro y enredadizo y las circunstancias nos pongan en contra (algo que no deseo, la verdad). Sé que un hombre no debe rebajarse a decir estas cosas ni hablar de sentimientos, pero ¡llevo tantos años de soledad!No os entretengo más.¡Ah! Se me olvidaba: quería advertiros que nuestro señor Jervais Bani Tremere anda buscándoos…. Y también Malgorzata pregunta por mí…Deseando estéis bien, su fiel amigo,Drazhan
La batalla de Florin
En el poco tiempo que quedó hasta que salió el Sol Florin se sentó a pensar en todo lo que
había vivido aquella noche, en todo lo que estaba pasando a su alrededor. Asustado a la par
que satisfecho sabía que todo aquello era una locura, pero no podía dejar de seguir y apoyar a
Lord Jürgen.
"Pasé mucho miedo en mi incursión con Akuji, temí en varias ocasiones por mi vida, pero era algo que tenía que hacer, debía ayudar en todo lo que pudiera a Lord Jürgen, era justo y era mi deber, y así lo hice aunque me costara la vida. Al volver a Konstradt yo ya sabía que esta guerra era imposible de ganar, pero ¡qué hacer!, no se lo podía decir a mi señor Jürgen que tanto empeño estaba poniendo en ello y tan convencido estaba de su victoria, así que intenté transmitírselo a mis compañeros de andanza, pero nada, no me escucharon.Esa noche me encontraba abatido, dañado, con hambre, de buena gana hubiera salido a ajusticiar a varias personas que ya sé que son unos pecadores, pero contuve mi ira y esa bestia que llevo dentro y a veces me puede, menos mal que el señor Jürgen nos dejó alimentarnos de aquellos pecadores, pero nuevamente tuve que contener a la bestia pues no todo el mundo entiende que no solo basta con matar a esta gente, sino que hay que aplicarles otros castigos también.Lo peor vino cuando entramos en batalla, yo veía Lord Jürgen en su caballo tan fuerte, tan poderoso que me invadió un sentimiento de euforia y fuerza tremendo y ahí que me lancé a la lucha contra los enemigos, en ese momento, lo he de reconocer, me vino a la mente una persona: Kara Lupescu. Esperaba tener la oportunidad de tenerla delante de mí y poder saciar mi sed de justicia, pero no pude detectarla en el campo de batalla, imposible, eran demasiados y solo podía ver a los que me venían a atacar directamente, también perdí de vista a Brigitta, al retirarnos la vi caída en el campo de batalla, pobre diabla.Al entrar en batalla sentí miedo, pánico, ¡yo no soy un guerrero! y siempre tengo que luchar. Pero cuando empecé a percibir el olor de la sangre, todos esos cuerpos desmembrados, abiertos en canal algunos, decapitados, ...no pude evitar el frenesí. Todo lo que soñada cada noche con hacer, lo tenía delante, lo podía hacer a decenas, centenares de personas de forma libre, sin que nadie me juzgara por ello (aunque no entiendo porque me tiene que juzgar, ya que es lo que hay que hacer, pero bueno), es más, me iban a recompensar por ello, ¡¡oh, si mi padre hubiera podido ver esto!! Con lo que mi miedo pasó a ser placer. Cuando maté a esa horrenda criatura, sentí un gran placer, pero rápido llegó otra y no me dio tiempo a recrearme en mi hazaña, que por cierto, me costó bastante, y poder abrirle por dentro y sacarle uno a uno todos sus miembros... solo de pensar en ello me recorre una sensación tremenda de satisfacción. Con lo que el resto de la batalla dejé de sentir miedo, y me concentré en lo que siempre ha sido mi pasión, y mi trabajo: dar muerte a los pecadores. Cuando oí la retirada por un lado sentía pena porque no sé si volveré a experimentar esa agradable sensación nunca más, pero por otro lado, estaba bastante herido y vi a mi señor Jürgen tan abatido y apenado que no pude más que acompañarle.Uy, va a salir ya el Sol, ¡seguro que esta noche tengo unos sueños espléndidos!"
La batalla de Gerald
Aún impregnado en ese dulce olor a sangre Gerald reflexiona por qué ha salido todo tan mal. Sus aptitudes en la batalla han sido más que probadas, no puede recordar a cuantos enemigos ha abatido. El campo de batalla siempre ha sido donde mejor se desenvuelve, nada de cortes y palacios, un antiguo Hermano solo se debe a Dios y a su espada, pero esos tiempos ya han pasado, aun así, siempre tendrá su espada y su escudo. Sin embargo, parece que la estrategia de Ser Jürgen no ha sido la adecuada, o quizás hemos sido engañados por argucias políticas de nuevo, la ira crece en su interior…
Gerald piensa que fue un error abandonar el castillo y la ciudad, bajo el amparo de los muros podían haber aniquilado a los ejércitos enemigos, sigue sin entender la decisión de su señor, qué le habrá llevado a tomar esa decisión. Los próximos días serán muy duros y la victoria parece lejana, pero sin embargo él siempre luchará con honor en el campo de batalla.
Algo dentro de él le inquieta, cree que hay más de lo que parece en todo este ataque y estrategia, debe de proteger a su señor por encima de todo….
Sus últimos pensamientos antes de dormirse son sobre su caballo perdido, era un gran ejemplar y casi un amigo, le echará de menos….




Voto "la batalla de Florín"
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