Octavio, el viejo, recorre las calles empedradas de Aquincum gritándoles a los legionarios romanos avisos tremendos acerca del demonio que duerme bajo sus pies. Aunque ni Aquincum ni los legionarios existan ya. Octavio, el dios, recibe la adoración de sus fieles, que le consideran una encarnación de Havnor, el dios primegio húngaro de la tormenta y el relámpago. Aunque sus fieles sean pocos y suelan morir jóvenes. Octavio, sabio, guía a los mortales y a los Cainitas hacia la salvación y el éxito. Aunque lo hace condenándoles y destruyéndoles. Octavio, el benigno, se alimenta de corazones arrancados de niños y pone flores en sus tumbas. Octavio, el que recuerda, canta bajo las ventanas de los padres que acaba de perder a sus criaturas canciones dulces y tristes, gracias a las cuales quienes las escuchan olvidan para siempre los momentos felices de sus vidas y recuerdan de forma indeleble cada momento de dolor. Octavio, el que conoce el futuro, no es capaz de recordar con claridad los ocho signos del Fin de los Tiempos.
Octavio es una figura pavorosa de pelo rojo y despeinado que cae sobre sus hombros fuertes y musculosos. Sus ojos arden de fiebre y sus colmillos están perpetuamente a la vista. El aire crepita de electricidad estática a su paso. Viste túnicas raídas sobre restos de armaduras romanas, y siempre lleva consigo una enorme lanza de aspecto oxidado pero letal.
En 1198 Octavio se apareció a Zoltána, Jaroslav y otros vampiros, ya todos muertos, en la colina del Castillo de Buda. Les dijo:
"¡Deteneos, oh niños cuyos hombros cargan con el peso de la redención!"
"Mucho tiempo han buscado mis ojos más allá de lo que ha sido y lo que será. ¡Él despierta y debemos estar listos! Pronto os encontraréis alguien cuyos planes os llevarán al corazón del terror y la exultación. Regocijaos, pues lo presenciaréis todo. Tenéis un importante papel en lo que se acerca. ¡Ah! Que la dulce sangre del corazón lave el pecado. Ocho signos de las noches venideras brillan en mi visión. Os veo en cada uno de ellos. Aunque nada puede ser impedido, sí es posible transformarlo mediante los actos de unos pocos. Id, hijos míos, y recordad mis palabras cuando se os pida un esquema. Zolot miente ¡Huid de sus visiones! Prosperad y nos veremos de nuevo."
Acto seguido, intentó matarlos a todos azuzando contra ellos a una turba de fanáticos adoradores de Havnor.
En 1314 Octavio volvió a aparecerse a Zoláana y Jaroslav en el Castillo de Tihuta. Les dijo:
"¡Escuchad! ¡Aunque os avisé hace tiempo, no habéis hecho nada por impedir el despertar del demonio! ¡El primer signo se ha cumplido y todavía esperáis! ¿Permaneceréis ociosos mientras el corazón de la tierra es arrancado de su pecho sangrante? ¿No veis que la noche eterna está casi encima de nosotros? Se remueve, y con él, los antiguos gruñen en sus lechos de piedra, su hambre ansiando nuestra vitae. La pérdida de una tierra santa, la ruptura de una orden sagrada, y la caída de un poderoso mago. La señal ha llegado, el primer signo de los que llevan a la negrura y la muerte eterna. Estáis en el torbellino. Quedan siete más; lo que no puede ser impedido debe ser transformado. De vosotros depende la redención o la destrucción . ¡No me falléis otra vez!
Tras lo cual, cayó en convulsiones y espumarajos varios. Al despertar, no recordaba qué había dicho ni por qué estaba en Tihuta. Se marchó tras provocar un serio ataque de locura en Zoltána, con la ayuda espontánea de Konstyantyn.

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