martes, 28 de julio de 2020

Sixto y Rachel Ardelean

¿Qué tendrá la tierra de Transilvania, que tantas parejas de hermanos mellizos acaban perdiendo sus almas en la maldición de Caín? Muchos y muy notables son los ejemplos de mellizos, casi siempre varón y mujer, que han sido Abrazados a lo largo de la historia de los Cárpatos. Se dice que tales relatos familiares siempre acarrean un alto destino y un final desconsolador. Ejemplos malditos son los de los Tzmisce Dragomir y Sherazina Besarab, el del Señor de los Gatos y la Reina de las Ratas de Schäßburg y, tal vez el más terrible y desolador de todos, el de los malignos hermanos Baali llamados Pÿn y Pøhn, que en tiempos anteriores a Cristo arrasaron los campos y regaron la tierra con la sangre de más de quince mil inocentes antes de que Samiel acabara con su reinado del terror. 

El más reciente ejemplo de esta plaga antinatural lo constituyen los hermanos cibinenses Sixto y Rachel Ardelean. Nada en su historia como mortales podría hacer sospechar que ambos acabarían sus noches devorando sangre humana para subsistir. Nacidos en una familia perteneciente a una de las castas más bajas de la sociedad, la de los artesanos, su destino hubiera debido ser la pobreza, el descrédito y la ignominia, pero ambos tuvieron mala suerte y acabaron bajo un hado aún peor. Sixto, aprendiz de masón, atrajo la horripilante atención del Nosferatu Zelios y tras una larga servidumbre como ghoul al servicio de aquel monstruo acabó engrosando las filas de las Ratas de Cloaca. Afortunadamente, su no-vida fue breve aunque dolorosa.

Rachel, la hija pródiga, es culpable de crímenes aún peores, por los que sin duda le aguarda un castigo eterno. Desobediente, frívola, mala hija y desnaturalizada, abjuró de su padre y de su madre y se lanzó a los bosques para escapar de un santo matrimonio debidamente concertado. Allí, entre las zarzas y las malezas, vivió como un animal inmundo hasta que, por un azar del cruel destino, una noche tuvo la insensatez de acercarse a socorrer a un lobo herido. El lobo resultó ser una de las bestias ghoul del señor feudal Ladislao Vukanović, un ancilla Gangrel de las regiones cercanas a Timisoara que, tal vez como castigo a la felonía de la muchacha, la sometió y la maldijo con la pertencia a tan Bajo Clan. 

Rachel afronta su desgracia como buenamente puede. Malvive en el extrarradio robando gallinas y evitando a duras penas a los Lupinos, que son los legítimos señores de los bosques y que intentan matarla a primera vista. A pesar de la engañosa imagen que mostramos a continuación, con sus futuristas telas blancas propias de un anuncio de lejía, la pobre muchacha rara vez viste otra cosa que no sean harapos raídos y sucios, con tremendos rotos que dejan medio culo al aire, propios de alguien que pasa su vida a la intemperie como las alimañas. Sus uñas están permanentemente manchadas de tierra, musgo y mierda reseca. Tal es el terrible precio de ser una paria social en estos tiempos.



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