Holi,
Estoy súper contenta de volver a Weißenburg, esta ciudad que, si bien no me vio nacer, es para mí como una madre. Qué digo una madre: como una hija. Qué digo una hija: como una suegra. Qué digo una... bueno, yo ya me entiendo: que me alegra a horrores volver a ser Princesa Todopoderosa de esta ciudad que tanto me quiere y por la cual yo daría todo, salvo la vida, tener que salir a la calle sin maquillar o tener que hacer deporte.
Tanto Yo –así, con mayúsculas– como mi Azote, Svatopluco, prometemos ser un Equipo Directivo cercano y accesible, yo impartiendo justicia con mi sabiduría y él a llamarada limpia, si es menester. Que espero que no vaya a ser el caso, pero nunca está de más ser una chica precavida. Y esa es mi nueva yo: tan cercana y campechana como siempre, pero más sabia y moderna. Prudente, pero con unas mechas estupendas que me he hecho en el pelo, ahora que lo se lleva es el Renacimiento.
Estoy convencida de que nos vamos a llevar de muerte. Quiero que seáis unos súbditos felices y buenos y que cumpláis bien todas las Tradiciones de la Camarilla. ¡Cáspita! Ahora que menciono la Camarilla, tengo una cosa que contaros y ya se me estaba olvidando. Qué despistada soy, ja je ji: casi tanto como campechana, precavida y bien peinada. ¿Por dónde iba yo? Ah, sí: la Camarilla. Pues eso, que sepáis que desde este momento Weißenburg pasa a ser una ciudad oficialmente alineada con la Camarilla y que si sois anarquistas o assamitas o cualquiera de esas cosas que empiezan con "a" estáis cordialmente invitados a iros a tomar por culo. Sin acritud os lo digo: no es nada personal. Lo que pasa, veréis, es que no me gusta la gente hortera y cutre.
Ahora bien, también os lo digo: entre mi faceta de Princesa Firme y Todopoderosa y mi faceta de chica cercana y campechana, gana la segunda, de calle. En mi Elíseo caben todes les persones, independientemente de sus aficiones políticas o incluso de lo feos que sean, siempre y cuando cumplan las reglas de cortesía propias de tan importante institución y no rompan nada.
Siempre vuestra,
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