Uphrasia le pone al tanto de la situación en la ciudad, tanto en lo referente a los mortales como a los cainitas. Por el lado mortal, el rey Vladislao II de Hungría ha otorgado a Bistrița privilegios para celebrar mercados y cobrar tasas libremente; además, las obras del nuevo campanario de la Iglesia del Evangelio han concluido, y este es actualmente el más alto de toda la región. En cuanto a los asuntos cainitas, el príncipe en funciones, Jennífero, ha disfrutado de un gobierno pacífico durante estos años, sin conflictos con los principados cercanos ni señales de los alborotadores walterianos. La Inquisición no ha celebrado ningún auto de fe en este periodo. La única medida relevante de Jennífero ha sido conceder carta de residencia en la ciudad al comerciante y hostelero Barabbas, quien acaba de reabrir un local cerca del mercado de la lana. Al escuchar estas noticias, Jaroslav frunce el ceño; le había dejado claro a Jennífero que no quería a ese despreciable individuo en la ciudad.
—Sé que todos dicen que los de su clan no son de fiar —responde Jennífero—, pero Barabbas no ha hecho más que demostrar ser un buen converso desde que le conozco. Además, creo que podría ser un informante mucho mejor que Uphrasia. Tengo un mal presentimiento sobre la Nosferata.
Cuando Jaroslav le ordena retractarse, Jennífero se niega.
—Lo hecho, hecho está. Di mi palabra como Ventrue, y no pienso romperla. Vos me disteis autoridad sobre esta ciudad en vuestra ausencia, y si me desautorizáis ahora, tendremos un problema —dice con tono firme.
Jaroslav siente cómo la Bestia se agita en su interior, pero, con gran esfuerzo, logra contenerla. Aparte de este incidente, Jennífero no pone objeciones en devolverle a Jaroslav su trono; de hecho, parece ansioso por abandonar Bistrița cuanto antes.
—Estoy deseando regresar a mis tierras. El otoño pasado, los trabajadores de una de mis fincas encontraron un yacimiento de oro. Cada día que paso aquí, sin poder organizar su explotación, pierdo dinero —comenta Jennífero.
En su última noche, justo antes de abandonar su despacho, Jennífero se reúne con Jaroslav para entregarle un último recado.
—Antes de partir, debo entregaros esta misiva. La trajo un mensajero la primavera pasada, y es para vos. Lleva el sello del Maestro Constructor Zelios.
Una vez a solas, Jaroslav rompe el lacre de la carta con un pequeño abrecartas y comienza a leer:
Aliado mío,
Vos y vuestros compañeros me habéis ayudado en el pasado, y me veo en la tesitura de volver a suplicar vuestra indulgencia. Bien sabéis del ritual que estoy tratando de completar para poder impedir el alzamiento del demonio Kupala. En los meses recientes he descubierto que existe en alguna parte de Valaquia al menos otro nodo que debemos marcar para completar la ceremonia. Os pido asistencia, a vos y el resto de compañeros que me habéis ayudado en el pasado, para alinear este lugar con los que ya están marcados. Por vuestra preocupación os ofrezco lo siguiente, dos objetos de excepcional belleza y valor que también contienen información relativa a la clave de oro que hallasteis hace tantos años en el Paso de Tihuta. Os los daré libremente con la esperanza de que os sean de utilidad.
Por favor, acudid en secreto al Castillo Bran, sobre la ciudad de Brasov, llamada Kronstadt por los sajones, donde os esperaré. Tened cuidado tanto en la ciudad como en el castillo, porque los inquisidores siguen teniendo mil ojos y oídos en la región. Acudid a la fachada este de la fortaleza, donde hallaréis un árbol que se empleaba como horca y que crece sobre un pasadizo olvidado. Retirad la piedra grande y hallaréis el túnel que desciende bajo el propio castillo. Seguid la escalera hasta que lleguéis al fondo. Allí me encontraréis, pues he construido un refugio temporal.
Espero ansioso volver a reunirme con vosotros.
Vuestro,
Zelios del clan Nosferatu,
Maestro Constructor

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