domingo, 26 de enero de 2025

Las palabras de Anatole

Cuando las campanas canten en lenguas extranjeras y la luna se ahogue en el río de los condenados, sabed que el león dormido yace encadenado en sueños turbios. No por cadenas de hierro, sino por hálitos de polvo y néctar envenenado, su rugido ha sido silenciado.

El arzobispo, tejedor de sombras y guardián de secretos que no confiesa ni al fuego, porta la llave escondida entre los versos de su plegaria torcida. No es su manto lo que revela, sino su mirada que arde como brasas en la noche de la traición.

Id al umbral donde la cruz se inclina ante el abismo, bajo los vitrales donde los santos lloran lágrimas negras. Allí, el arzobispo murmura nombres olvidados, y en su lengua venenosa descansa el despertar del antiguo. El león dormido abrirá los ojos cuando las palabras correctas se ofrezcan como sangre en el altar del ocaso.

Mas tened cuidado, pues el león no despierta como cordero. El que lo libere será el primero en probar sus colmillos, y la ciudad será su banquete. Que el arzobispo hable, o que el silencio condene a todos bajo un cielo que caerá en pedazos.

 



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