lunes, 25 de septiembre de 2017

Una propuesta


Pues no entiendo por qué tengo que irme –protestó, por enésima vez desde el comienzo del invierno, Dana–. Yo no estaba en la ciudad cuando pasó aquello.
Ella y Zoltána esperaban en la sala llena de libros y pergaminos de Erzsébet la Sabia, en lo que la extraña mujer terminaba de transcribir una página de un antiguo manuscrito. Resultaba extraño, casi blasfemo, ver a una mujer realizando esa tarea propia de monjes. 
Ya te lo he explicado –dijo Erzsébet, sin dejar de manejar hábilmente la pluma y el tintero–. Es una forma adicional de castigar a tus compañeros. Convenciendo al Príncipe para que te incluyera en la condena los enemigos de vuestro grupo pretenden despertar tu rencor, y con eso debilitar la cohesión de vuestro conciábulo.
Erzsébet siempre hablaba así, usando palabras complicadas. No lo hacía para jactarse de su erudición, sino que le salía de forma natural. Eso aumentaba aún más si cabe su aire extraño y chocante.
Pues que les jodan –respondió Dana, enfadada–. Que se queden con su sucia ciudad. Ahora que los caminos se están deshelando, pienso largarme y no volver más.
Zoltána, sin embargo, no compartía la resolución de su amiga. Odiaba tener que salir así de la ciudad y odiaba aún más el desprestigio que el exilio le iba a suponer. Llevaba meses dando vueltas a la situación en su cabeza, sin encontrar ninguna solución factible que le permitiera recobrar el estatus perdido. Erzsébet, como siempre, pareció estar leyéndole los pensamientos.
No sufras, muchacha –dijo–. Creo que aún tenéis una forma de salir dignamente de esto, y tal vez con un importante beneficio.

Cuéntanos más, διδάσκαλος –dijo Zoltána, utilizando el título griego de respeto a un maestro para referirse a la extraña mujer.

Hace unas noches recibí un mensaje de un antiguo conocido –dijo Erzsébet, dejando de lado un momento la pluma–. No me está permitido decir en estos momentos su nombre. Baste decir que está buscando Cainitas jóvenes de confianza a quienes encomendarle un trabajo. Creo que os podría interesar. Mi conocido ha prometido fama, poder y oro para quienes le ayuden en una cierta empresa fuera de la ciudad...

¿Qué empresa?

Lo desconozco. Pero si estáis interesadas, id el próximo día quince de abril a la plaza del mercado, cerca del distrito de los almacenes, en la ciudad de Buda. Allí, en la décima hora de la noche, os encontraréis con mi conocido, un Vástago de respeto y consecuencia, que os explicará qué quiere de vosotros. Yo en vuestro lugar escucharía atentamente lo que tiene que proponer esta criatura.

Gracias –dijo Zoltána, haciendo una pequeña reverencia a su mentora–. Allí estaremos.

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