martes, 26 de septiembre de 2017

Una sesión de entrenamiento

¡Mal! Muy mal. Levántante y vuelve a ponerte en posición
Jaroslav se levantó trabajosamente del barro a medio helar del patio y recogió su espada, caída a varios metros de él. Le caía sangre por la cara, fruto de una herida recién abierta junto a su sien.  No por primera vez durante las últimas semanas, odió con todas sus fuerzas la voz severa y jactanciosa de Fyedor. El maestro guerrero insistía en realizar las sesiones de entrenamiento con espadas reales y afiladas: "entrenarte con simulacros de madera no te va a servir de nada en el campo de batalla real", era una de sus frases favoritas. Jaroslav recompuso sus hábitos como mejor pudo, cerró sus heridas invocando el poder de Caín y se colocó de nuevo en posición de combate frente a su maestro.
¡Ataca! –le conminó éste.
Jaroslav no esperó ni un segundo. Acercándose a su rival con cuidado, abrió el ataque con una finta baja hacia la derecha, intentando engañar a su oponente y desequilibrarlo. No funcionó. Fyodor estaba preparado para ese movimiento. Al fin y al cabo, él mismo era quien se lo había enseñado al Chiquillo. Con un movimiento aparentemente descuidado, fluído, detuvo la espada de Jaroslav, aprovechando el propio impulso de éste para dejarle pasar y hacerle una zancadilla. De nuevo el monje dio a dar con sus huesos en el frío suelo.
¡Grrrrrr! –gritó el monje. La vergüenza y la rabia se arremolinaban en su interior enrojeciendo su visión y amenazando con tomar el control. Fyodor, inmisericorde, respondió dándole una patada en la boca.

Pequeña babosa –dijo, provocándole–. No eres más que un miserable hijo bastardo de una ramera sarnosa.
La ira invadió a Jaroslav en oleadas cada vez más fuertes. ¡Cómo se atrevía ese paleto a reírse de él de esa manera! Le iba a matar. Su boca se contrajo en un rictus salvaje, mostrando abiertamente sus largos colmillos.
¡Graaaaaaaaarrrggg! –aulló.
Fyodor se apartó, observándolo.
–  Bien, bien... ¿sientes la furia? ¿El odio rojo sin palabras? Es de lo que hemos hablado. Es la Bestia intentando poseerte
Jaroslav se levantó rápidamente, como un animal acorralado, a punto de perder el control por completo.
Recuerda lo que te he enseñado. Nota la Bestia creciendo dentro de ti, y cuenta hasta diez. Es una Bestia. Tú eres un hombre. ¿Quién va a poder más? Ata a la Bestia. Imagina con el ojo de tu mente que tienes en tus manos una cadena de hierro forjado. La cadena aprieta el cuello de la Bestia. La Bestia no puede moverse. Tú eres la cadena. Sujétala.
Jaroslav oía las palabras de su maestro lejanas, como un eco débil distorsionado por la rabia que amenazaba con consumirle.
Recuerda: cualquiera puede luchar. Sólo hacen falta odio y una espada. Ni eso: con uñas y dientes es más que suficiente. Pero un auténtico guerrero Brujah tiene que ir más allá. La Bestia que ruge en tus entrañas te da fuerza, sí, pero si la dejas dominarte te convertirá en algo peor que las alimañas del bosque. ¡Control!
Ojalá fuera tan fácil. 
Esta es la verdadera prueba del guerrero. ¡Sujeta a la Bestia!

¡AARRRGGHH! –con un potente grito, Jaroslav liberó toda su rabia al aire encima de su cabeza. Temblando visiblemente, se quedó erguido frente a su maestro en silencio. Pasados unos momentos, le hizo una profunda reverencia.
Jaroslav sonrió, apreciativo.  El adiestramiento de esa noche había concluído satisfactoriamente. 

Una hora más tarde, ya más tranquilos, ambos hombres conversaban sentados en las escaleras de un templo. 
Ya ha comenzado el deshielo –dijo Jaroslav–. Dentro de muy poco tendré que obedecer las órdenes del Príncipe y marcharme de la ciudad. ¿Qué va a ser de mí, maestro?
Fyedor, pensativo, tardó un poco en contestar.
Estás preparado. Creo que puedo ofrecerte algo. Yo y un conjunto de socios y aliados queremos proponeros un negocio fuera de Buda-Pest a ti y a tus amigos.

¿De qué se trata?

No puedo decirte nada ahora. Estas calles tienen ojos y oídos. Haremos lo siguiente: reúnete conmigo mañana, quince de abril del año de Nuestro Señor de mil ciento noventa y ocho, a las diez de la noche en la plaza del mercado. Esa que está junto al distrito de los almacenes, en la ciudad de Buda. Allí se te darán instrucciones para acudir a un lugar secreto y seguro donde os haremos una propuesta que, si aceptáis, os traerá riquezas, prestigio y poder más allá de lo que podéis imaginar ahora mismo. 

¿No puedo saber más ahora?

Paciencia, joven Brujah. Recuerda lo que te he enseñado. La Bestia busca su gratificación inmediata. El alma superior planifica y espera pacientemente. Mañana saldrás de dudas.
Y, dicho esto, se levantó despidiéndose y se perdió en la niebla de abril.





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