La rica ciudad de Alba Iulia (Balgrad en la lengua de los szlekers, Gyulafehérvár en húngaro, Karlsburg en alemán) está habitada a finales del siglo XII, hasta donde saben los personajes, por los siguientes Cainitas:
- Dragomir Basarab. (Ya no está en la ciudad) Entre 1190 y 1193, este knez de la muy noble familia Basarab reclamó tanto el principado Cainita de la ciudad como el dominio mortal sobre ella y los terrenos circundantes. A lo segundo se resistían los colonos sajones, argumentando que el Rey de Hungría les concedió estas tierras sin que tuvieran que rendir vasallaje a ningún otro señor más que el Rey mismo. A lo primero se oponían los príncipes del Concilio de las Cenizas y algunos de los vampiros que residen en la propia ciudad, deseando reducir el poder de los Tzimisce más tradicionalistas en la región de las Siebenburgen. Dragomir proviene de un largo e ilustre linaje de Tzimisces locales (de hecho su abuelo es el poderoso voivoda Vintila Basarab, que ejerce su dominio desde las montañas Bihor al norte de Alba Iulia) y ejerce la política al estilo del viejo clan: desde el terror y el más absoluto desprecio por las vidas y las no-vidas ajenas. De cara al mundo mortal, Dragomir está casado con una joven italiana de noble cuna, Fulgenzia Remezzi, aunque evidentemente no tienen descendencia. Sherazina, la hermana de Dragomir, le recuerda como un muchacho extraño, cruel y aquejado de albinismo al que le encantaba someterla a retorcidos juegos de sadismo y dominación.
- Otto el Risueño contagia su alegría y su buen humor a todos quienes le visitan en las ruinas del Monasterio Maldito, que es como llaman los supersticiosos lugareños al antiguo cotolengo abandonado de San Teobaldo.
- Esmerelda es una rolliza Ventrue de origen sajón y la más directa opositora de Dragomir. Afirma públicamente que una ciudad sajona debería tener una gobernante sajona (ella), y así se lo hace saber a todos los forasteros en tabernas, mercados, iglesias, verbenas, ferias y reuniones de tupperware. Es una mujer muy insistente.
- Sergei Nikoláievich es un ucraniano cuyo principal oficio parece ser el de dar palizas a la gente. Los suyos son el par de puños a sueldo más cotizados de la ciudad... aunque de vez en cuando se le va un poco la mano, se deja llevar ligeramente, golpea sin querer a alguien hasta convertirle en una masa muerta de carne amorfa y sanguinolenta, y tiene que alejarse de la ciudad una temporada hasta que se calman un poco las aguas.




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