martes, 20 de febrero de 2018

Notas sobre la jeraquía Cainita

Ahora que algunos de vosotros van a acceder al codiciado, respetado y peligroso papel de Príncipe (o Princesa), conviene dejar algunas pequeñas notas sobre cómo se estructuran muchas (no todas) las ciudades Cainitas durante la Edad Media.

El Príncipe es la voz de la tradición en la ciudad que gobierna. El Príncipe mantiene la paz y hace la leyes, todo lo que haga falta para mantener a la ciudad ordenada y segura de una incursión. El Príncipe trae apareado muchos cargos, incluso diplomático, comandante en jefe, legislador, patrocinador de las artes, juez y guardián de las tradiciones. La posición empezó originalmente con el vampiro más fuerte en una región, dada que exige dominio encima de él. Con el tiempo, se ataron ciertos privilegios y responsabilidades a la posición, o al antojo del gobernante. Cada Principado es distinto, sobre todo en la región a medio civilizar de Transilvania, con sus ciudades toscas y pequeñas desperdigadas entre bosques peligrosos y salvajes.

Hay pocas formas de llegar a Príncipe, y ninguna está regulada de forma fija. En la antigüedad el principado era una cuestión de fuerza y poder: el vampiro más viejo y poderoso de una zona reclamaba una ciudad para sí mismo, tomándola como su Dominio, y casi siempre se encargaba de matar o expulsar a los intrusos. Eran épocas más bárbaras y las ciudades rara vez alcanzaban un tamaño suficiente para alimentar a más de un Cainita. Las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, Egipto, Persia, Grecia fueron cambiado esto, pero fue sobre todo durante el esplendor de la Roma Imperial cuando se empezaron a formalizar formas más modernas de entender y practicar el principado. Fueron surgiendo las Tradiciones en torno a la práctica del Dominio, y ciertas responsabilidades fueron asumidas tácitamente o tomadas a la fuerza por quien estuviese en el poder. Pese a que con el tiempo el Principado se fue ritualizando y despojándose de violencia explícita, aun hoy en día muchas veces la forma más directa de llegar al Principado es matar al anterior Príncipe, ocupar su lugar y forzar de una u otra forma a que el resto de la sociedad vampírica acepte el nuevo status quo

Un Príncipe normalmente no “reina” sobre una ciudad (aunque hay excepciones). Su papel es más el de supervisor o magistrado que el de monarca. Es el juez que resuelve las disputas entre los Vástagos, el guardián de la paz. El Príncipe es la autoridad definitiva, dentro de su ciudad, en materia de las Cinco Tradiciones de Caín:
  1. DOMINIO: Tu dominio es tu propia responsabilidad. Todos los demás te deben respeto mientras se encuentren en él. Nadie puede desafiar tu palabra en tu dominio. 
  2. PROGENIE: Sólo Abrazarás a otro con el per-miso de tu antiguo. Si creas a otro sin permiso, tanto tú como tu Progenie seréis ejecutados. 
  3. RESPONSABILIDAD: Aquéllos a los que creas son tus propios chiquillos. Hasta que liberes a tu progenie, estarán a tus órdenes en todo y sus pecados serán tu carga. 
  4. HOSPITALIDAD: Honra el dominio ajeno. Cuando llegues a una ciudad extraña deberás presentarte ante quien la gobierne. Sin su aceptación, no eres nada. 
  5. ELIMINACIÓN: Tienes prohibido eliminar a otro de tu especie. El derecho de inmolación pertenece sólo a tu Antiguo. Sólo los más antiguos podrán convocar la Caza de Sangre. 
La mayoría de los Príncipes asumen de forma implícita que los "antiguos" a los que se refieren las tradiciones son ellos mismos, es decir, que corresponde al Príncipe declarar y mantener el Dominio, autorizar la creación de progenie, vigilar que los Sires mantengan a sus chiquillos bajo cuerda, recibir a los recién llegados a la ciudad, autorizar o no su permanencia en ella, y convocar las temibles Cazas de Sangre. Algunos Príncipes (pocos, en esta época y región de Europa) extienden la tradición del Dominio hasta el punto de crear y proteger espacios de reunión seguros para todos los Cainitas donde el uso de cualquier tipo de violencia está fuertemente prohibido: el Elíseo.

Distintos Príncipes ejercen su autoridad y mantienen su posición de respeto de diversas maneras. El abanico de mecanismos de uso de poder es amplio, incluyendo el miedo, la diplomacia, las recompensas, el control sobre el mundo mortal y sus instituciones, la intriga, las riquezas materiales, el patrocionio cultural, los juegos de Prestación y, por supuesto, la fuerza directa, ya sea a través del uso de Disciplinas como a través del manejo de las armas y el uso de tropas. A vosotros os corresponde decidir cómo mejor podéis ejercer y mantener vuestro Principado.

Algunos Príncipes se rodean de "funcionarios" con cargos más o menos especializados que trabajan bajo su autoridad, beneficiándose a cambio de parte de la posición y prestigio político del principado. Dichos cargos asumen muchos nombres distintos dependiendo de la época y la región. A continuación se enumeran algunos de los más típicos:
  • El senescal es un cargo del que a muchos príncipes les gustaría prescindir, pero que resulta necesario de tanto en tanto. Un conocido Príncipe de la antigüedad describió la elección de senescal como decidir qué cuchillo ponerse en la garganta. Un senescal es un chambelán, segundo al mando y consejero. En cualquier momento se le puede pedir que ocupe el lugar del príncipe si éste abandona la ciudad por sus asuntos, abdica o es asesinado. Naturalmente, el príncipe quiere tener la última palabra acerca de un cargo tan importante, y muchos combaten incesantemente con su primogenitura al respecto. Es una posición peligrosa en más de un sentido: la familiaridad con el tema puede dar ideas…
  • El alguacil o ejecutor es el vampiro que lleva a los transgresores ante el tribunal, mantiene el orden en las calles y está preparado para hacerse cargo de los aspectos “musculares” del gobierno. 
  • El azote es un cargo que se parece mucho al anterior,  pero tiene un propósito mucho más específico. El azote patrulla las fronteras de un principado buscando (y con frecuencia destruyendo) a los recién llegados que no se han presentado ante el príncipe, o a aquellos parias que no pertenecen a un clan concreto.
  • El Guardián del Elíseo, como su nombre indica, es la figura específicamente designada para mantener el Elíseo, organizar sus reuniones y mantener la paz en él.
Otros cargos más o menos informales incluyen los equivalentes cainitas a los magistrados, mensajeros, verdugos y oficiales de aduanas mortales.




Aparte de estos cargos, todos ellos opcionales (en muchas ciudades el Príncipe se ocupa de todas esas cosas, o no hay nadie que se encargue de ellas en concreto), las ciudades más pobladas suelen desarrollar estructuras de poder paralelas al Principado, con el que a veces pueden enfrentarse más o menos descaradamente.
  • La Primogenitura. Antiguamente, el Príncipe era siempre el Vástago más antiguo y fuerte de una ciudad. Hoy en día esto no es así necesariamente. Hay muchos casos en los que un Vástago relativamente joven o poco poderoso llega al principado, ya sea por habilidad política, por contactos, por suerte o simplemente porque al Antiguo de turno no le interesa ponerse en un primer plano en un determinado momento. La Primogenitura reúne a los vampiros más antiguos de cada ciudad. Existe una especie de regla no escrita por la cual la Primogenitura solo tiene como máximo a un representante de cada Clan. Por supuesto, la mayoría de ciudades en el siglo XII son tan pequeñas que o no tienen Primogenitura o ésta está formada por solo unos pocos representantes de un número reducido de clanes. Salvo que el Príncipe sea muy poderoso y sea por derecho propio el más anciano de su clan en la ciudad, lo normal es que no sea miembro de la Primogenitura. Muchas Primogenituras acaban convirtiéndose en un incestuoso nido de traiciones e intercambio de favores. En ciudades con príncipes poderosos o despóticos la Primogenitura puede ser una simple figura decorativa, y en otras el verdadero gobierno.
  • Las Arpías. Para explicar este grupo de poder, conviene poner un ejemplo del mundo moderno: los llamados influencers.  Igual que en el siglo XXI un YouTuber puede no tener ningún poder político ni financiero, pero afectar a la vida de miles o millones de followers a través de las redes sociales, una Arpía puede no tener ningún poder "real" político pero tener parte de la sociedad en sus manos. Las Arpías trafican con chismorreos y maniobras sociales, y la posición es su moneda de cambio. Con la palabra correcta o equivocada a un príncipe pueden hacer subir o caer a un vampiro en la ciudad. Es raro que se señale esta posición de forma activa: con el tiempo, los que tienen las aptitudes para ella acaban alcanzándola. No hay ningún organismo o autoridad que nombre a nadie "arpía". Se trata de una distinción (o insulto, dependiendo de a quién le preguntes) informal, que no viene acompañada de ningún puesto o acreditación. Para llegar a ser una Arpía no es necesario ni poder personal ni edad: lo que prima es tener una gran habilidad social. Difíciles de impresionar con alardes de poder, las Arpías suelen mostrar una notable visión de la naturaleza vampírica. Meterse con una Arpía es una forma de asegurarse un puesto en el nivel más bajo de la escala del poder durante los años venideros.
De nuevo, estas estructuras tienen poco sentido en ciudades tan pequeñas como las Siebenburgen, porque la población no da para mantener muchos nichos sociales diferentes, pero es posible reconocer rasgos de estos tipos de posición en vuestro entorno.









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