domingo, 25 de marzo de 2018

Una carta


     Mi muy señor y Sire Herr Hardestadt el Grande,

     Como temíamos y esperábamos, los acontecimientos en la región más allá del bosque continúan precipitándose hacia el caos; mientras el conflicto entre el Viejo Clan de los Cárpatos y los Usurpadores se recrudece y amenaza con convertirse en una guerra abierta, y mientras las Cruzadas van perdiendo cada vez más su santo propósito para convertirse en mera excusa para la conquista y el saqueo, las nuevas ciudades alemanas del reino magiar luchan precariamente por su supervivencia. Una de ellas, la conocida como Schäßburg en nuestra lengua natal, acaba de arder hasta los cimientos, con enormes pérdidas en vidas, edificios y mercancía.

     Estoy convencido de que dicho acto, lejos de ser un mero accidente veraniego, ha sido deliberado. Así lo indican todos los mensajes de mis espías e informantes en la zona. Todo apunta a una disputa por el principado.  No deberíamos sorprendernos: al fin y al cabo, el incendio como forma de eliminar a un grupo rival es una táctica reconocida desde el Gran Incendio de Roma, si no antes. Si recordáis de mis anteriores informes, la ciudad llevaba décadas sin Príncipe y sumida en el estancamiento por la rivalidad entre dos potrentes wights del Clan Nosferatu. El incendio, sin duda provocado –diversos testimonios coinciden en que se origió en diversos focos estratégicos de la ciudad a la vez, justo en uno de los días más secos y calurosos del verano–, ha conseguido al menos purgar la ciudad de las huestes felinas y roedoras que la asolaban, a costa de aniquilar prácticamente a toda la población. Las Siebenburgen serán, al menos por unos años, apenas unas Sechsburgen. La nueva Princesa de la Ciudad, una joven Tzimisce, reinará sobre un dominio de escombros y cenizas. Esto nos da idea del salvajismo incivilizado de esta región alejada de la mano de Dios que me habéis enviado a controlar.

     El incendio de Schäßburg ha desencadenado, como una pieza derribando una hilera de piezas de dominó, una reacción en cascada y ha sacado a la luz a una figura hasta ahora desconocida por nosotros; mis informantes afirman que la cabeza pensante tras la operación es una Neonata de la familia Basarab del Clan Tzimisce, una tal Sherazhina, que tras el gran fuego ha hecho correr por las cortes transilvanas el siguiente mensaje:
Cave a me! Ego erexit in quarta lenta nimis et curabitur sit demens, tronum.
     Semejante despliegue de fuerza despiadada y de insolencia ha tenido entre otras consecuencias el efecto de expulsar del trono de Alba Iulia al voivoda Dragomir Basarab; aunque ya sabíamos que Dragomir era un cobarde, un petimetre y una marioneta de su abuelo Vintila –el verdadero poder Tzimisce en la provincia–, yo no esperaba que fuera a renunciar tan rápidamente al trono a la vista del primer atisbo de verdadera oposición. Ahora, en lugar tener como Príncipe de la ciudad a un majadero Tzimisce de sangre aguada por generaciones de endogamia, tenemos a una salvaje advenediza de la que nadie tenía noticia hasta ahora. ¡Y lo más inquietante de todo es que parece ser que la una es hermana del otro! Esto no puede ser casual, y me pregunto si no estará la mano de algún Matusalén particularmente retorcido detrás de todo este affaire

        Centraré mis esfuerzos en intentar descubrir más acerca de esta Sherazhina y de la cuadrilla de cainitas que encabeza, esperando obtener más datos que nos permitan saber qué papel juegan en esta apasionante partida de ajedrez y qué facción o facciones están moviendo sus hilos. Mis agentes están en posición y dispuestos para continuar explotando la situación, pero antes necesitamos desvelar quién o quienes se benefician del actual estado de confusión de la zona; tenemos que ser sutiles y precavidos, o la Guerra de Príncipes que se está fraguando nos estallará en las manos antes de que tengamos todas armas a nuestra disposición. 

        Hasta la próxima misiva, se despide humildemente vuestro siervo y Chiquillo


Jürgen von Verden


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