Querido Diario:
La mancha en que se ha convertido la ciudad de Bistriz queda atrás y por delante solo tenemos el serpenteante camino que se abre paso por el tajo que el río ha abierto en las montañas y que nos conduce hasta el paso de Tihuta, y que viera por última vez el pasado otoño. La soledad, únicamente rota por el ulular del viento, los sonidos de algún animal nocturno que se acerca al sendero y el rítmico traqueteo del carromato, será nuestra compañera esa parte del viaje. Mejor así: mi cabeza bulle con los acontecimientos de los últimos meses y necesito silencio para poner las cosas en orden.
La mancha en que se ha convertido la ciudad de Bistriz queda atrás y por delante solo tenemos el serpenteante camino que se abre paso por el tajo que el río ha abierto en las montañas y que nos conduce hasta el paso de Tihuta, y que viera por última vez el pasado otoño. La soledad, únicamente rota por el ulular del viento, los sonidos de algún animal nocturno que se acerca al sendero y el rítmico traqueteo del carromato, será nuestra compañera esa parte del viaje. Mejor así: mi cabeza bulle con los acontecimientos de los últimos meses y necesito silencio para poner las cosas en orden.
Ascendemos lentamente mientras comienzo a rememorar los hechos que me han conducido hasta este momento, desde el mismo instante en que decido marchar a Alba Iulia y recabar información sobre Sherazina. Nunca me tragué su ascenso al principado y siempre pensé que detrás de todo estaba Dragomir. Dispuesto a confirmar mis sospechas, puse camino a su ciudad. Víctima de un exceso de confianza, caí preso de Sherazina al salir del Halcón Milenario sin haber podido averiguar nada. Desde entonces tuve el dudoso privilegio de ser su huésped en unas mazmorras más oscuras que la noche de los Cárpatos.
Sin otra forma de medir el paso de los días que el sueño que sobre nosotros se abate al rayar el alba, así fueron pasando los meses y aumentando mi preocupación: un bucle sin fin hasta que un día, de manera inesperada, fui liberado. Me condujeron hasta la princesa, que no era otra sino Esmerelda. Me explicó que aprovechó unas revueltas sajonas en la ciudad que habían estallado al poco de partir Sherazina y así despojar la ciudad del tiránico mando valaco/magiar. En vista de mi situación, me ofreció cobijo y alimento hasta mi completa recuperación. Y aunque el tiempo exigía premura, la prudencia reclamaba reposo.
Tras dos semanas, y reiterarle mi agradecimiento a la princesa Esmerelda, abandoné Alba Iulia y me encaminé a mi señorío, no sin antes parar brevemente en Bistriz y poner al corriente de todo sucedido al conde Radu. Allí me enteré de la muerte de Sherazina en Tihuta perpetrada por mi criado. Alarmado por el hecho de que mi ghoul hubiera estado, o aún lo estuviera, dominado por alguien con oscuros propósitos, decidí que sus días a mi servicio habían tocado a su fin y ordené a Dimitri que procediera con él de idéntico modo a como él había actuado con Sherazina.

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