Ciudad de Buda, 4 de enero de 2013
Querida niña,
Sabes que detesto comunicarme contigo por carta, con la gran cantidad de salteadores que acechan en los caminos, y con lo caro que es contratar un servicio de postas hasta Krondstadt en invierno, pero tengo noticias que creo que podrían interesarte.
¿Recuerdas aquella reliquia sobre la que hablamos durante tu última visita? Pues bien, tú no eres la única que me ha preguntado por ella. Hace apenas unas noches un desconocido se presentó en mi pequeña biblioteca. Cómo pudo dar con mi Refugio, cuando no comparto esa información con nadie, es algo que se me escapa, y que da una idea de los considerables poderes de aquel visitante. No intentaré describírtelo, dado que a día de hoy permanezco aturdida por la experiencia y mi memoria no parece funcionarme de la forma acostumbrada. Lo único que recuerdo con claridad son sus ojos: no tenían vida. No me refiero a ojos muertos como los de un pez fuera del agua, ni a ojos vacíos como los de un demente. No: sin vida. Como el agua de mar en la noche.
El desconocido me preguntó directamente: "¿Dónde está el Cáliz de San Juan?" Sentí el impulso irrefrenable de decirle todo lo que conocía, que como bien sabes, es más bien poco. Me aterroricé. Mi bilioteca está todo lo mejor protegida que puedo permitirme, y quienes intentan utilizar sus Dones contra mí en mi terreno suelen tenerlo difícil, pero el desconocido atravesó mis defensas como si no existieran. Sin poder evitarlo, le dirigí hacia donde me contaste que Lucita os había informado que buscaba el Cáliz: la Transilvania Oriental donde os movéis. El desconocido pareció quedarse satisfecho, me liberó del poder de su mirada sin vida y se dispuso a marcharse sin decir más.
Pero, sin saber muy bien de dónde, saqué fuerzas para hacerle una pregunta.
Temo que si Gotzon pone sus manos sobre el Copón esta Edad Oscura en la que vivimos se convierta en una Oscuridad Eterna de forma literal. Por favor, mi niña, estáte lo más atenta que puedas a cualquer rumor sobre el Cáliz del Bautista, y haz todo lo que puedas por evitar que alguien como Gotzon pueda poner sus manos sobre ella.
Con cariño,
El desconocido me preguntó directamente: "¿Dónde está el Cáliz de San Juan?" Sentí el impulso irrefrenable de decirle todo lo que conocía, que como bien sabes, es más bien poco. Me aterroricé. Mi bilioteca está todo lo mejor protegida que puedo permitirme, y quienes intentan utilizar sus Dones contra mí en mi terreno suelen tenerlo difícil, pero el desconocido atravesó mis defensas como si no existieran. Sin poder evitarlo, le dirigí hacia donde me contaste que Lucita os había informado que buscaba el Cáliz: la Transilvania Oriental donde os movéis. El desconocido pareció quedarse satisfecho, me liberó del poder de su mirada sin vida y se dispuso a marcharse sin decir más.
Pero, sin saber muy bien de dónde, saqué fuerzas para hacerle una pregunta.
– ¿Qué sois?Supe, con mi infalible sentido para estas cosas, que decía la verdad. Además, su poder encajaba con las leyendas. ¿Podría tratarse del legendario Gotzon, uno de los más temidos místicos de tu Clan? Se dice que Gotzon es capaz de invocar el terrible ritual que se conoce como "El Grito que Aniquila la Luz", que según las fábulas nunca a lo largo de la Historia ha sido ejecutado. De lo cual tenemos que alegrarnos, porque si es cierto lo que he oído acerca de ese Ritual Abismal, el grito del Cainita que lo ejecute será capaz de despertar a la Bestia que Devora el Sol, sumiendo al mundo en una eterna noche en la que todo lo que está vivo y crece habrá de perecer de frío y hambre. Se dice que ningún Místico Lasombra ha sido capaz de invocar el Grito porque para su ejecución es necesario entregar al Abismo una reliquia de suficiente poder... algo como el Copón del Bautista.
– Gotzon –me respondió.
Temo que si Gotzon pone sus manos sobre el Copón esta Edad Oscura en la que vivimos se convierta en una Oscuridad Eterna de forma literal. Por favor, mi niña, estáte lo más atenta que puedas a cualquer rumor sobre el Cáliz del Bautista, y haz todo lo que puedas por evitar que alguien como Gotzon pueda poner sus manos sobre ella.
Con cariño,
Erzsébét

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