Corren nuevos tiempos y la modernidad del siglo XIII se ha instalado incluso en las apartadas y solitarias estancias del Castillo de Tihuta. El difunto conde del castillo, lord Aldrich –que el Señor le tenga en su Gloria– quiso dar a su único hijo y heredero, Ludwig Aldrichsson, una educación, y para ello mandó traer desde la lejana Kiev a un reputado instructor: el erudito Kostyantyn Voloshyn, del clan Malkavian, quien desde hace más de quince años ha guiado la educación del joven Ludwig. Aunque el conde Ludwig es ya un hombre hecho y derecho, Señor de Tihuta con todas las de la ley, el maestro Voloshyn sigue siendo un miembro respetado de la pequeña corte que reside permanentemente en el castillo y actúa como consejero de su antiguo pupilo en todas sus decisiones.
Kostyantyn es un hombre anciano pero vigoroso, de agudo intelecto y escasa paciencia con quienes considera sus inferiores intelectuales, pero que muestra su lado más humano mostrándose enormemente paternal y protector con respecto a sus estudiantes, a los que ama sinceramente. Se muestra muy respetuoso con el verdadero Señor de Tihuta –que no es otro que Lord Aldrich, quien sigue dirigiendo desde las sombras todo lo que ocurre en el Valle–, a quien intenta aconsejar lo mejor que puede, y ha desarrollado una relación de amistad y mutuo respeto intelectual el abate Jaroslav, Príncipe Brujah de la ciudad de Krondstadt. Desmintiendo la injusta fama de locura y lunatismo de su Clan, el maestro Voloshyn se enorgullece de mantener un comportamiento intachablemente lógico y cabal en todo momento, detalle que se encarga de hacer ver a todo el mundo constantemente.

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