Si hay una certeza en este mundo, es que a todos nos llega tarde o temprano la hora de la Muerte. Ni siquiera los Vástagos pueden asegurar poder librarse del helado abrazo de la Parca. Casi igual de cierto es lo siguiente: para los criminales de la noche, es muy probable que quien acabe asestando el golpe fatal que los enviará al Infierno sea Florin, el Verdugo de los Cárpatos.
Lo primero que llama la atención de Florin es su enorme tamaño. Es un gigante de más de dos metros de estatura, gordo y fuertemente musculado. Su tamaño desproporcionado le hace destacar varias cabezas por encima de cualquiera, hasta el punto de que muchos se preguntan si no será el resultado de un experimento aberrante de las catacumbas Tzimisce. Para rematar su aspecto aterrador, Florin casi siempre viste la capucha y el peto manchados de sangre de los verdugos. Las raras veces en que se quita la capucha Florin sorprende por su rostro regordete, blando, casi aniñado y muy pálido, que casi parecería de querubín mofletudo si no fuera por la mirada muerta de sus dos ojos azules e inexpresivos. Del mismo modo, los nudosos brazos llenos de músculos del verdugo acaban en dos manos rollizas y de aspecto débil, que normalmente oculta tras unos gruesos guantes de cuero cubiertos de manchas.
Pese a su enorme tamaño y su escalofriante aura, Florin es capaz de moverse con gran sigilo cuando quiere. Su costumbre de aparecer casi como por ensalmo frente a sus señores y a sus víctimas por igual no hace sino acrecentar su siniestra fama.
Florin es uno de los más terroríficos símbolos del poder de los Señores Occidentales Ventrue en Transilvania. Tras un año ejerciendo justicia en Alba Iulia bajo la autoridad de la Princesa Esmerelda, el verdugo ha ganado una merecida y sombría reputación en las cortes dominadas por los seguidores de Jürgen von Verden. Ahora Florin recorre los cadalsos de las principales ciudadelas teutónicas administrando la justicia de sus superiores de una forma perturbadoramente entusianta, casi extática. En estos momentos se dirige al Castillo de Tihuta, donde sus servicios han sido requeridos por Lord Jennífero como forma de asentar su autoridad sobre el problemático valle.

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