domingo, 8 de septiembre de 2019

Los trucos de Melindrasne

Hola, amigas:

Porque vivir en un paso de montaña fronterizo y atrasado no tiene por qué estar reñido con la belleza femenina, he decidido comenzar esta serie de reuniones en el que las doncellas de la aldea podamos encontrarnos y compartir consejos de maquillaje, dieta, moda y protocolo que nos permitan realizarnos como mujeres, es decir, encontrar pronto un buen marido.  Que es al fin y al cabo lo que todas queremos. Hoy, amigas, quiero hablaros de uno de los elementos más importantes de la belleza femenina medieval: el peinado. Porque no os engañéis, queridas: podéis saber bordar como diosas, fregar como titanas o cocinar como campeonas, pero en lo primero que se van a fijar los caballeros cuando os conozcan son las tet vuestros cabellos.

Imaginemos por ejemplo que queréis asistir a un acto en la plaza de la aldea como pueda ser una ejecución. Queréis demostrar elegancia y destacar entre la multitud, pero también queéis que la lluvia no os enfríe la cabeza, y sobre todo lo que más deseais es tapar la vista de las de atrás, esas petardas que murmuran contra vos en los corrillos del mercado. Entonces lo mejor es el sencillo pero efectivo capirote en punta cerrado, con velo. El capirote puede llevarse erguido, siguiendo la moda inglesa, o ladeado, como hacen las damas de la corte francesa cuando quieren dejar tuerta a alguna rival.


O tal vez planeáis salir al campo con las amigas a recoger setas, escuchar el canto de los mirlos o buscar a ciegas entre la maleza a un niño desaparecido. Vuestro peinado entonces es el doble moño transilvano, práctico y rápido –en apenas dos o tres horas puede hacerse uno sencillo–, con el que epataréis a toda la batida de montaraces. El doble moño es muy mullido y protege la testa durante los golpes contra troncos y ramas bajas, pero bajo la lluvia tiende a empaparse muy rápidamente y convertirse en una especie de bebedero de golondrinas que se llena de hojarasca, espinas, piñas y caca, por lo que no os lo recomiendo si las témporas han anunciado lluvia.


En circunstancias sociales informales, tales como interrogar a una viuda malhablada y a su hija casquivana precoz, recomiendo la múltiple trenza, que os dará un aire juvenil y amistoso. Las trenzas han de ser largas y estar anudadas en armonioso lazo marinero, comenzar en sendas sienes y dejar al descubierto vuestras orejas, salvo que os falte una de ellas o ambas. Se recomienda un número par de trenzas, no más de una veintena, porque no queremos dar a los hombres de ser demasiado vanidosas. Pero tampoco queremos parecer mozas de taberna, así que debéis procurar que se note que habéis estado no menos de seis horas arreglándoos el pelo para salir a comprar el pan.


Las trenzas pueden dejarse caer libremente o recogerse en formas airosas y sorprendentes, formando anillos, pretzels, raquetas, cestas de fruta o cómodas asas para que vuestros maridos os agarren de la testa mientras os preñan contra la pared de la cuadra. Una de mis figuras favoritas es el recogido sobre la nuca, que combina el recato del moño con la frescura juvenil de la doncellez. Además, este recogido es muy práctico si estáis presenciando el asesinato de una familia completa, pues si por casualidad os salpica la sangre de un bebé degollado, al menos las puntas de vuestro cabello estarán protegidas de las peores manchas.
Si vais a salir de recados, como por ejemplo subir a Poyatos en plena noche a solicitar la ayuda de una familia de incestuosos degenerados, lo más práctico es recogerse el pelo bajo un tocado que proteja vuestros cabellos de las cacas de las palomas al tiempo que os proporcione una práctica superficie sobre la cual transportar cualquier morcilla, ganso muerto o verdura que os regale la señora Brandine, quien siempre trata a sus visitas con gran cortesía, si antes no se las han comido sus perros salvajes.



Los tocados son el perfecto complemento a un buen peinado. Cumplen la doble función de cuidar nuestros delicados pelos, de sujetarlos en la forma que deseamos para que no se rompa el peinado, y de realzar nuestra natural belleza. ¿Que he dicho doble y eran tres? Yo qué sé, soy consejera de belleza, no matemática. Dejadme vivir. Este es el discreto tocado que mi dueña, la Señora Zoltána, llevó la otra noche para acechar a los secuestradores de niños en la empinada cuesta que lleva a la Cueva Maldita que está sobre la peña de la Pezuña de la Cabra.



Por último, si lo que deseáis es quedaros una noche en casa, cómoda y sin ver a nadie, y pasar la velada leyendo tranquilamente el códice Demonis Infernalis Bis, de Callistus Necrominius, podéis optar por un peinado sencillo y confortable como el que os sugiero a continuación:


Hasta otra cita de belleza y salud, amigas

Melindrasne de Fuá, Dama de Compañía
De las que Acompañan Señoras de la Corte,
No de Las Otras, Malpensados

No hay comentarios:

Publicar un comentario