sábado, 18 de abril de 2020

Refranes populares

Los habitantes del paso de Ràthory, en mitad de la región de los Cárpatos que llaman la Selva Pardina, tienen un dicho: "el hombre es el único animal que se folla dos veces a la misma oveja". El Abrazo no cambia la naturaleza de los hombres, pensó Kara en el alto lugar desde el que observaba el desarrollo de la segunda edición de la emboscada. No estaba sorprendida –al fin y al cabo no habría tendido esta trampa si no esperara algo así desde que se pusiera en el punto de mira de sus enemigos–, pero sí un poco decepcionada. Cuando su señor Rustovich la envió a esta su primera misión fuera de la Madre Patria, Kara agradeció la oportunidad de poder probarse ante rivales de talla. En su lugar, se encontró con... esto.

Se lo ponían demasiado fácil, pero no por ello iba a dejar de hacer bien su trabajo. En estos momentos, mientras la patética caterva de mestizos seguía entretenida enfrentándose al señuelo, un segundo ataque estaría perpetrándose en otro punto de la ciudad. Paralelamente, los agentes de Kara estarían alertando al rey Béla por un lado, para protegerle del atentado, y a la guardia de Acre por otro. Lo único que se necesitaba era mantener un rato más entretenidos a los esbirros de von Achern.

Y esto era lo que más difícil le resultaba a Kara. Tras su barniz de cortesana fría y civilizada, en sus venas muertas bullía la sangre ardiente de sus antepasados guerreros Vlaszy. Demasiado estaba dejando vivir a estas molestas moscas cojoneras en aras de los planes a largo plazo de su señor el voivoda.  Mientras observaba el desarrollo de la escaramuza, Kara libraba su propia batalla interna. Sentía el rugido de la Bestia pidiendo la sangre de sus enemigos. Si no existiera un futuro, si las necesidades de la realpolitik no requirieran dejar a algún peón enemigo con vida para poder convertirlo en cabeza de turco, con gusto se abandonaría al furor guerrero y descendería a mancharse las manos de sangre en las calles. Mas debía controlarse.

Al menos, en su mayor parte. De vez en cuando, para contener a la Bestia era necesario darle alguna que otra satisfacción. Otro de los dichos de los paletos del paso de Ràthory rezaba: "leña a la oveja, que es de goma". Kara no tenía ni idea de lo que podía significar semejante sandez, pero con una sonrisa torcida tensó el arco y se puso a apuntar meticulosamente.




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