Bistriz, anno MCCLVII
Mi muy noble Lord Jürgen,
¡Salir a la guerra es tan incómodo! Los caminos están llenos de barro y excrementos, la lluvia se cuela dentro de mi palanquín por muchas capas de terciopelo que coloque y mis juanetes, a pesar de llevar siglos muertos, se resienten por el reúma psicosomático que siempre me da la lata en esta época del año. Pero a uno no le queda otro remedio que jugar su papel, y a veces hay que sufrir incomodidades por causa de la política.
Hablando de la susodicha. Confío, amigo mío, en que vuestros espías en mi corte sean al menos tan eficientes como los míos en la vuestra, y que sepáis ya a estas alturas que en estos momentos me dispongo a salir con mis ejércitos a reunirme con mi voivoda, el conde Rustovich, para aplastaros cordialmente en el campo de batalla. Espero que no os lo toméis a mal, pero tengo una imagen que manterner y mis hombres han sido instruídos para que exterminen a los vuestros con toda convicción, tal y como se espera de ellos. Pero naturalmente, y siempe de acuerdo con nuestro plan previo, todo esto es una triste necesidad de realpolitik. Me temo que ambos vamos a tener que sacrificar alguna que otra pieza en esta interesante partida de ajedrez.
Le he pedido al voivoda el honor de combatir a su lado en la batalla. De esta forma, allí donde veáis el pendón de mi familia, que aquí abajo os reproduzco, sabréis que se encuentra Rustovich y podréis encontrarle rápidamente y darle muerte en mitad de la conflagración de forma rápida y certera, acabando de una santa vez con esta guerra tan molesta.
Confío igualmente, milord, en que una vez terminado esto recordaréis quién es vuestro verdadero amigo y quién no. No me cabe duda que un Ventrue de alta cuna como vos sabrá honrar su palabra y mantener los pactos acordados.
Siempre vuestro,
Radu de Bistriz

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