lunes, 21 de septiembre de 2020

Welcome to Wallachia. Wallachia is not Spain!

Ante la inminente llegada del invierno, los rebaños bajan desde las tierras altas al valle. Es tiempo para que los pastores, que han pasado más de seis meses acompañando al ganado entre los altos pastos, vuelvan a sus hogares y se reúnan con sus familias.

Dimitru y sus hermanos, Crâciu y Gaudentiu, conducen uno de estos rebaños en su descenso hacia la ciudad de Câmpulung. El rebaño está constituido por un centenar de ovejas, media docena de perros mastines y un carromato tirado por dos viejas mulas. Dimitru, además, está a sueldo de Nova Árpad, lo cual explica la inusual mercancía que viaja disimuladamente junto a los pastores. Cada día, cuando el rebaño se detiene a pastar en algún prado, Dimitru y sus hermanos, ayudados por el temporero Adolf, se dedican a recoger paja húmeda y acumularla en el carro, almacenándola como provisiones para el rebaño durante el invierno y tapando cada vez más profundamente los ataúdes que se ocultan al fondo del carro. Hay tres Cainitas escondidos en esos ataúdes, más una cuarta que sigue al rebaño por sus propios medios y duerme bajo tierra cada día. Las ovejas y las mulas son demasiado estúpidas para reaccionar con fuerza ante la presencia de los vampiros, pero los mastines se ponen muy nerviosos en la cercanía de la Bestia y hay que mantenerles alejados del carro, o se ponen a ladrar fuertemente. En mitad de la noche los hombres descargan el carro, lo cual permite a los pasajeros de contrabando salir, estirar la piernas, charlar con su compañera y aplacar mínimamente el hambre con alguna de las ovejas. Excepto Florin, quien ya no extrae solaz ni alimento de los animales.

Dimitru y sus hermanos son morenos y de ojos azules. Como buenos valacos, son orgullosos, callados y reservados. Crâciu, el más joven, es también el más hablador, sobre todo cuando Zoltána posa sus ojos negros sobre los de él y le pide que le cuente relatos de su tierra. Adolf, el temporero, se preocupa especialmente del padre Jaroslav, a quien sigue con devoción absoluta desde hace años, haciéndole de traductor en estas comarcas donde el uso de cualquier lengua que no sea el valaco es mirado con recelo y hostilidad.

Valaquia vive un ambiente prerrevolucionario. Los campesinos y boyardos de la Цѣра Рꙋмѫнѣскъ (Țeara Rumânească), que es como conocen a su región, llevan siglos soportando el dominio de húngaros, szelekers y alemanes. Los nobles locales, aunque han conseguido ser admitidos en algunas de la dietas reales, ven cómo sus derechos feudales son sistemáticamente pisoteados por la nobleza importada desde el oeste. La población autóctona se aferra a su religión y su idioma en torno a los monasterios-fortaleza ortodoxos, mientras los "extranjeros" (aunque muchos de ellos pertenezcan de la cuarta generación de nacidos en esta tierra) hablan húngaro o alemán y sigune los ritos de Roma. Hay una división clara entre unos y otros, y tanto el cambio de dinastía en Buda como el aumento de popularidad de Basarab Întemeietorul no han hecho más que acentuar la brecha. 

 


Los rebaños llegan a las inmediaciones de Câmpulung. El nombre de la ciudad significa literalmente "campo largo", haciendo referencia al alargado valle que ocupa la población. Es una ciudad pequeña, pobre, de casas bajas y tejados puntiagudos para repartir el peso de la nieve en invierno. Está amurallada y las puertas permanecen cerradas toda la noche. Existe una diminuta ciudad alta, situada en un pequeño altozano y ocupada por varios edificios públicos, algunas casas que pertenecían a nobles szelekers y la catedral católica. Ahora la mayoría de estos edificios están abandonados u okupados por rebeldes valacos que han expulsado o asesinado a sus antiguos propietarios.  La mayor parte de la ciudad está constituida por el Barrio Bajo, cuajado de chabolas miserables y salpicado de templos ortodoxos y alguna que otra caserona desvencijada donde subsisten los descendientes de los antiguos voivodas rumanos. De una de estas casas, segun cuenta Crâciu, es donde salió Basarab a alentar la desobediencia contra el rey de Hungría. Las calles son oscuras y estrechas, sin apenas ninguna fuente de iluminación. Al igual que en el resto de Transilvania, los ciudadanos temen la noche y a sus moradores; prácticamente nadie sale pasada la puesta del sol, y los pocos que lo hacen van siempre armados de crucifijo, ristra de ajos y estaca. El Barrio Bajo está lleno de banderas valacas y de carteles donde aquellos que saben leer pueden descifrar lemas tales como "Valak presoak etxera" y "Gora Valakia askatuta!". No hay posadas, o al menos no hay ninguna que acepte extranjeros. Dimitru y sus hermanos acuden a reunirse con sus esposas e hijos, pero permiten que el carro y su equipaje secreto reposen en una cuadra perteneciente al mayor de los hermanos. Aconsejan a sus huéspedes sobrenaturales no hacerse notar mucho en la ciudad. Ancuța, la mujer de Dimitru, pone al día a los hermanos de los sucesos de los últimos meses: quién ha muerto, quién ha nacido, quién le ha puesto los cuernos a quién y con quién; qué nobles han sido ejecutados por la turba y qué casas han sido quemadas en represalia. Sobre Basarab, devoción y fanatismo. El rebelde ha dejado la ciudad en manos de uno de sus lugartenientes y lleva varias semanas recorriendo los voivodatos del país intentando recultar un ejército. Pasará el invierno fuera.





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