Queridísima Melania:
Te alegrará saber que estamos de vuelta en la Capilla del Novum Forum Siculorum, ¡por fin! Qué mal lo he pasado. Créeme, Melania querida: esta idea de las "vacaciones", tan de moda entre los aprendices de hoy en día, está totalmente sobrevalorada. Jamás debí dejarme convencer por Svatopluco: ¡te juro que ese hombre tiene la cabeza llena de grillos! Esto me pasa por haberme casado con un Trimegisto. Es cierto que por lo general es un buen hombre, adecuadamente calzonazos, y que las conexiones de su familia con el Círculo Interno me están viniendo de perlas en mi carrera, pero se le ocurre cada cosa... En fin, qué te voy a contar. Tú también estás casada con un completo panoli. Al menos hemos logrado regresar con vida, que no es poco.
Es verdad que el comienzo de las "vacaciones" no estuvo tan mal. Viajamos río Mureș abajo en una barcaza bastante cómoda, y la travesía fue incluso placentera. De día dormíamos bajo cubierta, mientras nuestros esclavos se ocupaban de la navegación, y por las noches mirábamos las estrellas, hacíamos el amor y bebíamos campesinos con aceitunas y sombrillitas de colores hechas con palillos. La campiña estaba tranquila, el aire olía a campos de cultivo y espliego, y apenas tuvimos que combatir un par de veces contra Lupinos y un par de slazchtas a los que hube de incinerar. Llegamos a la ciudad de Karlsburg, también conocida como Alba Iulia, y desde allí proseguimos por tierra hasta Mediaș, conocida como Medwesch en el dialecto sajón de la zona. Toda la ciudad estaba engalanada por las fiestas de Santa Frígida. Los campesinos se habían ocupado de colgar alegres guirnaldas sobre las calles principales y de retirar casi todos los cadáveres, al menos los más pestilentes, de la vía pública. El Mercadillo Actual estaba bastante animado y yo me compré un par de cofias de buena calidad y unos pololos a muy buen precio: concretamente regalados, merced a mi famosa sonrisa y un uso juicioso de mi Dominación.
Svatopluco, el muy pazguato, estaba encantado. "¿Verdad que fue buena idea venir, querida?" me decía, el pobre idiota. Pero yo no las tenía todas conmigo. Por mucho que la princesa Àrpad hubiera prometido una semana de paz y de cese de hostilidades en su ciudad, por muy buenas que sean las relaciones entre esta Ventrue y nuestro Clan y por muchos que sean los acuerdos secretos entre Mediaș y Ceoris, a mí no me parecía buena idea andar mostrándonos públicamente en una ciudad llena de repelentes Tzimisces. Pasé las primeras noches con los nervios de punta y lanzando rituales de protección a diestro y siniestro, hasta el punto de vaporizar sin querer a un niño mendigo que me sobresaltó en un momento dado al acercarse a pedirme un currusco de pan. ¡Fue todo tan molesto! Las cenizas humanas son super grasientas y salen fatal del pelo.
Pero poco a pocos me fui relajando (sin bajar del todo la guardia) y un poco a regañadientes me dejé convencer para empezar a socializar. Acepté que Svatopluco me regalara unas entradas para una velada clandestina en el Club de la Lucha (ya sabes cuánto me entretienen los combates a muerte) y también me dejé convencer para ir al teatro. Aquí es donde las cosas se torcieron definitivamente.
La obra era uno de esos peñazos orientales que no tienen por dónde cogerse. Una muchacha pintada como una puerta y vestida con sedas de colores capaces de provocar ataques de epilepsia a un ciego cantaba y bailaba continuamente, al parecer sufriendo mucho por nosequé chorrada brahmánica. Un verdadero tostón. Pero justo cuando la cosa empezaba a ponerse interesante (más o menos al final de la tercera hora de bailoteo), se produjo una conmoción entre el público. Adivina: alguien había matado a alguien.
Seguro que ya te habrás enterado cuando recibas esta carta: la víctima fue Arianne, esa odiosa Toreador que iba de un lado a otro levantando maridos a las mujeres de bien. Bien sabes que yo no le deseo nunca mal a nadie, pero la verdad es que no puedo lamentar que alguien haya decidido quitarse de enmedio de una santa vez a esa furcia francesa. Demasiado estaban tardando. Más de una vez he notado como Svatopluco la miraba cuando nos la cruzábamos en alguna Corte. ¡Hombres! Son todos iguales. Y no, no me digas que tu Flaubercio es distinto, porque me consta que en los Certámenes y durante los rituales comunales no me quita ojo del canalillo. Lo que te digo: ¡son todos iguales! Ya lo dice mi Regente: a los perros y a los maridos hay que tenerles siempre atados en corto.
Ahora bien, puede que yo sólo sea una maga del Tercer Cículo, pero conozco mi oficio y puedo reconocer la Taumaturgia en cuanto la veo. La meretriz Toreador fue ejecutada con un uso virtuoso de la Potestas Motus y una versión que jamás antes he visto del ritual Scherda Magna Retardabitur Motus Cessabit. A diferencia de este último, que provoca una muerte lenta y agónica, este ritual lleva a un óbito rápido y feroz. Quedé totalmente impresionada. Luego, los perpetrantes (que, créeme, no eran Capadocios. Ya te digo que huelo a otros taumaturgos a la legua) escaparon con un soprendentísimo uso del Mirabilis Batamantans Manducat, algo que yo habría jurado que es totalmente imposible. Yo, como bien sabes, estoy encargada de las defensas místicas de mi Capilla y me considero una experta en la Potestas Focis, y jamás he visto que un ritual de este tipo sea posible fuera de las paredes de un Refugio debidamente consagrado. Estoy, como te digo, totalmente anonadada. Mi veredicto, si alguien me lo pregunta, es que fuimos testigo de una hechicería de muy alto nivel, de Quinto Círculo para arriba, y eso me huele a chamusquina. Me pregunto en qué tipo de tejemanejes se halla metido nuestro querido Pontífice y qué motivos le habrán llevado a echar más leña al fuego justo ahora, y de semejante manera.
Svatopluco, que el Señor me dé paciencia, quería quedarse en la ciudad después de todo aquel escándalo. Menos mal que uno de los dos en este matrimonio, la que te escribe, piensa un poco. Yo supe inmediatamente que tarde o temprano alguno de los Azotes sumaría dos y dos y deduciría que unos Tremere habían estado detrás del atentado. Y pueden acusarme de muchas cosas, pero ingenua no es una de ellas. Tregua o no tregua, sé bien qué injustos prejuicios hay contra nuestro Clan y nuestra Casa, y temí con buen tino que en cuanto se supiera que había Magia de Sangre involucrada alguien se fijaría en nosotros y nos acusaría injustamente de estar metidos en el ajo. ¡Así es esta triste sociedad nuestra, en la que siempre pagan justos por pecadores! La verdad, hija mía, es que estoy hasta el gorro de la Edad Media. A ver si es verdad que pronto progresamos a un mundo más racional y sin estas mierdas de dimes y diretes que tanto daño hacen a los honestos practicantes de las Artes Oscuras.
Así que hice lo prudente, obligué a Svatopluco a que recogiera sus calzoncillos rápidamente e hiciera la maleta y nos fuimos con viento fresco antes de que las cosas se pusieran feas de veras. ¡No veas qué angustia, qué sensación de indefensión! Nosotros ahí solos, apenas protegidos por media doncena de esclavos, sin una triste Gárgola o al menos algún Homúnculo para defendernos. Y con calzado de sport, para más inri. Un horror, Melania. Un horror. Te juro que no vuelvo a tomarme unas "vacaciones" en mi puta vida.
En fin, querida, tengo que dejarte y volver a mis estudios. Hoy vamos a diseccionar un Gangrel-rana. Como lo oyes, querida: un señor que parece un batracio. ¡Lo que tienen que ver los ojos de una! Me voy antes de que Svatopluco rompa algo.
Muchos besos de tu amiga,
Vycènta bani Tremere, Adepta del Tercer Círculo
Arbitrium Vincit Omnia

No hay comentarios:
Publicar un comentario