Uphrasia, la Nosferata, se sienta en lo que sería un lujoso diván si no fuera porque se trata de unas cajas de arenques y adopta una postura que resultaría sensual y voluptuosa si no diera arcadas.
"Esta información que me dais sí que es valiosa", dice. "Veamos en qué puedo ayudaros"
"Hasta donde yo sé, la información que andais buscando es imposible de obtener. La tal Astra Zeneca no existía hasta hace unos meses, cuando llegó a Bistriz. Es evidente que se trata de una identidad creada para esta ocasión. Resulta casi imposible rastrear a alguien que hasta hace nada vivía en cualquier otra parte, seguramente bajo otro nombre y muy probablemente bajo otra apariencia"
Uphrasia se entretiene unos segundos reventándose una verruga.
"No se puede decir lo mismo, afortunadamente, del negro. Un mostrenco así no pasa desapercibido, ¿sabéis? Existen numerosos testimonios del paso de este individuo por varias ciudades del norte de Europa durante al menos los últimos trescientos años: el Hombre Risueño, lo llamaban en Novogrod; el Empotrador de Ébano, en Rotenburgo; Capitán Salami, en Smolensk, y así muchos otros apodos. Todas las historias coinciden en su descripción: un africano de más de seis pies de estatura, siempre feliz, vestido extravagantemente y con al menos veinticinco centímetros entre las piernas. Es evidente que se trata de un ghoul. Los rumores son variados: en Rostov estaba al servicio de una Gangrel llamada Haspirina. En Feodosia, bajo las órdenes de una Nosferata llamada Propecia. En Kėdainiai fue el siervo de una Toreador de nombre Viagra y en Kroměříž solía acompañar a una noble Brujah de nombre Novavax. Parece que sus domitoras, si realmente son personas distintas, son cada vez de mayor nivel social. Lo curioso es que hasta ahora siempre se ha movido por ciudades abandonadas en las que actualmente no habitan Cainitas, lo que hace aún más difícil recabar información. Casi todo los que se sabe es gracias a tradición oral y leyendas de mujeres plenamente satisfechas a lo largo y ancho de Rusia, Lituania y Chequia."
La Nosferata hace otro de sus silencios, rebañando la poca sangre que queda dentro del cadáver de una paloma con tifus. Cuando vuelve a hablar lo hace cambiando por completo de tema de conversación.
"Respecto a vuestra solicitud de refugio, creo que la Casa Maldita está actualmente libre. Es un lugar donde poca gente se acerca. Existe la leyenda –supersticiones populares, ya se sabe, vosotros ni caso– de que todos los que se atreven a vivir en ese lugar acaban muriendo de forma horrible: asesinados, vícitimas de la peste, desangrados o devorados por algún animal de enormes fauces. Palabrerías. Si queréis, os doy la dirección..."

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