Lo que parecía imposible ha ocurrido.
¡Constantinopla ha caído!
En 1453, uno de los acontecimientos más importantes de la historia Cainita ha conmocionado a los vampiros de la Europa Oriental y los ha sacado de su complacencia. En este año, los ejércitos del Imperio Otomano han asaltado Constantinopla sin descanso. Constantino Paleólogo, último gobernante mortal de la ciudad, observaba aterrado desde su palacio cómo miles de soldados se lanzaban sobre las murallas para saquear, robar, asesinar y destruir. Hasta que sucedió lo impensable; las hordas atacantes de los paynim devastaron la primera línea de defensa de la Europa Cristiana. Ahora el Turco avanza hacia Bulgaria, amenazando la seguridad del este del continente.
Los vampiros son criaturas egoístas, dispuestas a apropiarse del éxito o el fracaso de los mayores logros mortales. Por toda la sociedad Cainita, muchos antiguos piensan que los responsables de la caída de Constantinopla han sido otros vampiros. Los que conocen la Yihad (el conflicto eterno entre los Ancianos) creen que un poder misterioso ha ordenado esta cruzada como parte de un viejo conflicto contra Michael, el Matusalén Toreador que supervisaba la ciudad. Otros culpan a los Assamitas, asegurando que los amos de Alamut (la fabulosa y casi mitológica montaña-fortaleza sagrada del clan de Haquim) tienen planes para el resto de Europa. Después de tocio, muchos sostienen que hay vampiros árabes viajando tras la hueste turca. A medida que los reinos mortales caen presa de los ataques otomanos, los sarracenos aprovechan la ocasión para acosar a los gobernantes no-muertos de los dominios vecinos.
Tanto la amenaza mortal de los turcos como la presencia invisible de los Assamitas están obligando a los Hijos de Caín a actuar. Cuando las noticias sobre el avance del Imperio Otomano llegaron a Transilvania, los dirigentes del voivodato quedaron atónitos. Durante siglos habían pensado que las verdaderas amenazas para su libertad provendrían de los Ventrue del Sacro Imperio Romano y de otros clanes occidentales. Ahora, un nuevo peligro se alza al Sur y al Este. Los Ventrue, los Tzimisce y los Tremere se hacen la misma pregunta: ¿podrá Europa Oriental defenderse ante el siguiente ataque?
Los defensores de la Camarilla aprovechan la ocasión a su manera. Tal vez la amenaza de un enemigo común haga más aceptable la idea de una sociedad unificada de Cainitas, que ya no podrán seguir permitiéndose el aislamiento amparándose en los pretextos de la distancia y la ideología. Del mismo modo que hasta este 1453 nadie había osado pensar que Constantinopla pudiera caer, nadie había admitido la posiblidad de que existiera fuerza alguna capaz de destruir las sociedades secretas que los vampiros han estado construyendo durante milenios. Pero ahí estan las evidencias de la Inquisición, las revueltas de los Anarquistas y ahora, por añadidura, todo un imperio amenaza a Europa. Si los Hijos de Caín logran formar una alianza, tal vez puedan impedir que estas atrocidades continúen. Como parte de esta idea, está claro que los sarracenos son la principal amenaza que hay que detener.
Otros replican que el verdadero problema no es el clan Assamita, sino los Ancianos. De hecho, algunos llegan a afirmar que los Assamitas pueden estar actuando correctamente al atacar y derribar la estructura de los reinos europeos orientales. Los sarracenos están destruyendo a los príncipes búlgaros y a sus lacayos, pero con ello también amenazan a los Ancianos y a otros elementos tradicionalistas. En otras zonas de Europa, los anarquistas están luchando contra la jerarquía del poder vampírico no solo para asegurar su propia libertad, sino también pera prevenir la manipulación de las generaciones más bajas. Si la destrucción de Constantinopla es, como muchos dicen, un resultado de la Yihad, la formación de la sociedad europea de vampiros no servirá para que tales atrocidades dejen de ocurrir, sino todo lo contrario. De hecho, actuar como esclavos para los Cainitas más antiguos no haría más que fomentar futuros incidentes.
La caída de Constantinopla, por tanto, no hace sino acentuar la división en el seno de los Cainitas, abonando el terreno para masacres aún mayores que las vistas hasta ahora.
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