La ciudad, en estado de conmoción.
Anoche, por segunda vez en solo una semana, el descanso eterno de los leprosos de la ciudad de Esztergom fue perturbado por un acto vandálico. La ermita de San Lázaro, anexa a la leprosería del mismo nombre en las afueras de la ciudad, ya había sido profanada con anterioridad solo unas pocas horas antes.
"Se trata de un nuevo acto deleznable y propio de almas corruptas y despreciables", nos informa el cabo Imre Kovács de la guardia ciudadana. "Sin embargo el modus operandi es diferente al de la profanación anterior, lo que nos sugiere que los culpables pueden ser cárteles criminales diferentes. En la anterior ocasión los bandidos entraron con llave y levantaron una sola lápida, sin molestarse demasiado en borrar la evidencia de su crimen. En este caso, existen evidencias de que la cerradura fue forzada y de que varias lápidas fueron removidas, pero sin embargo los despreciables y repugnantes profanadores barrieron con cuidado la escena de su execrable crimen. En ambas ocasiones, sin embargo, fueron sustraídos restos humanos de sus tumbas, lo que nos indica que tanto en un caso como en otro estos actos han estado por la más despreciable de las herejías. En la guardia sospechamos que los causantes pueden haber sido judíos o gitanos, o tal vez judíos gitanos, por lo que animamos a los ciudadanos a denunciar a cualquiera de estos hijos del demonio ante las autoridades eclesiásticas correspondientes".
Sor Güendoline, monjita Reparadora que asiste a los enfermos en la leprosería, añade sin parar de santiguarse: "de la primera desecración nos dimos cuenta gracias a un honrado peregrino que acudió a la ermita a hacer un donativo miserable y rácano; el muchacho notó que alguien había movido una de las lápidas e informó al padre Palomino. Desde entonces cada mañana nos acercamos a la ermita a ver si todo está en orden, y por eso nos hemos dado cuenta tan rápidamente de este nuevo y escandaloso pecado".
Por otro lado, uno de los leprosos internados en la institución se ha lamentado ante este medio: "ya ni pudrirnos en paz nos dejan. ¡Basta ya, rediez!".

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